25 de octubre de 2012

Figaredo de Mieres

FIGAREDO.

Cruce de fuerzas en línea urbana.

Enlace de caminos y de líneas de desarrollo de la historia industrial española, Figaredo necesita construir un paisaje urbano atractivo y reactivar la función empresarial en su viejo suelo minero
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Si nos atenemos al plano oficial, Figaredo es una parroquia del concejo de Mieres con 2.353 habitantes en 2011. Compuesta por 26 urbanizaciones, pueblos y aldeas; contiene también instalaciones mineras y fabriles de pasada importancia. Si introducimos Figaredo en nuestro GPS nos conducirá a una pequeña localidad de 510 residentes. Poca relación con lo que se nos presenta a la vista. De nuevo el habitual problema de la identificación del poblamiento en los valles del Caudal y del Nalón. Figaredo es un cruce de caminos y un enlace de líneas de fuerza de la industria española. Enlazado con Santullano, separado de Ujo por el Caudal, en la línea de Santa Cruz, penetra por el valle del Turón hasta Cabojal. Es decir, aunque el pueblo oficialmente esté deconstruido, permanece individualizado en la memoria de sus gentes, y paisajística y funcionalmente forma parte del aglomerado urbano que está en el camino de ser ciudad de Mieres.


 

Como cruce de caminos, aquí se anudan al Caudal los ríos Aller, Lena y Turón, y a través de ellos los caminos hacia el exterior, a cuya vera fueron surgiendo caseríos montados sobre la vega que, a comienzos del último tercio del siglo XIX, supieron, por aquellos aprendices de mineros llamados calicatiadores, que estaban sobre el corazón profundo de la cuenca hullera, allí donde el carbón nada tenía que envidiar en poder energético al de Cardiff. Hombres que seguían la trayectoria errática de capas y carboneros y sobre cuyo esfuerzo se construyó un nuevo mundo. Uno de ellos fue Vicente Fernández Blanco, quien obtuvo la concesión del Coto Paz, en términos de la parroquia de Figaredo, a cuyo nombre sus nietos unieron su apellido, identificándose desde entonces  parroquia, pueblo, empresa y familia. Familia de hombres de acción como Inocencio Fernández Martínez, hijo del anterior, quien desde los 22 años se hizo capitán de empresa y de la industria asturiana, impulsando nuevos proyectos y las infraestructuras de transporte para sacar lo producido. La tercera generación de los Figaredo aborda la entrada en negocios complementarios, financieros y navieros, que refuerzan uno de los más poderosos grupos industriales españoles, que mantiene en Figaredo su profunda raíz, de la que eran testimonios los cuidados pozos, que hoy contrastan con las abandonadas instalaciones mineras de L'Arquera. Son huellas de la empresa en Figaredo la urbanización Villa Dominica, las casas de cuadros de El Quemaderu, el templo parroquial y el singular chalé de los Figaredo, residencia de la familia desde 1929 hasta 1977, hoy propiedad municipal por demanda vecinal, recuperado por una escuela taller, sede universitaria desde 1998 hasta el año pasado y fulminante de la expansión del campus de Mieres, y en el futuro inmejorable lugar de esparcimiento y cuidado para la abundante población de mayores de la localidad.



 

Hay lugares con un especial atractivo, y los jardines del chalé y el edificio constituyen un lugar simbólico, por su forma y porque en él confluyen varias de las líneas de fuerza que construyeron la España actual. Debemos imaginar el lugar, al lado de varias carreteras y de  diferentes ferrocarriles, del Norte y del Vasco, con comunicaciones hacia los puertos y ciudades del Musel-Gijón, San Juan-Avilés, San Esteban y León, además de los ramales a Turón y a Collanzo. Otro ferrocarril de vía estrecha compartía la carretera general hacia las minas alleranas desde las instalaciones de la Sociedad Hullera Española en la localidad, que junto a las de la Sociedad Industrial Asturiana, Ortiz Sobrinos y Hulleras del Turón, además de pequeños talleres, lavaderos, centrales térmicas, baterías de coque… constituían focos de empleo y actividad enfebrecida, para una población que rebosaba el fondo del valle y ascendía por las laderas fonderas colonizándolas de manera espontánea.

Figaredo tiene una traza en forma de "T" invertida, la perspectiva de su calle principal, la antigua carretera general, se ve acusada por la linealidad de los cuarteles, obra de 1921 de Hulleras del Turón para sus cuadros y obreros. Por impacto paisajístico y por interés arquitectónico, bien merecían un tratamiento uniforme que destacase su valor, tratamiento que sí ha recibido el grupo de colominas que se levantó a sus espaldas. A pesar de la necesidad de realojo y rehabilitación de muchas viviendas es escasa la obra nueva, pero la fachada principal de Figaredo es decorosa, tras ella, en algunos puntos, hay restos del naufragio, que acogen a poblaciones inmigrantes que buscan la localidad atraídas por su accesibilidad y los bajos precios. Muchas eran antaño disputadas residencias de varias familias con derecho a cocina y hoy algunas vuelven a serlo.



Así que en el pasado Figaredo era el producto de dos grandes empresas que constituían dos mundos de vida propios e independientes, con sus respectivas filosofías, y que segmentaban el territorio local en dos porciones: la de Minas de Figaredo y la de Hulleras del Turón que, en cierta forma, simbolizaban las dos opciones que condujeron la industrialización asturiana, la de raíz autóctona y diversificadora en el país, y la vasca,  vinculada a los intereses de aquella burguesía nacionalista, a las que se agregaban una nube de menores estrellas productivas, que alojaban en la localidad a sus directivos, cuadros técnicos y personal obrero, constituyendo Figaredo una compleja amalgamada urbana.

Sobre la vega central se localizan El Quemaeru, La Pena'l Padrún, la urbanización y el chalé de los Figaredo, L'Aproceúriu, Vega Piqueros, Los Cuarteles, Les Colomines, Las Vegas y Arriondo. Hacia el Este, siguiendo el valle del río Turón: Villa Dominica, La Cuesta, Peñule, Llavandera, L'Arquera, Cortina, La Formiguera, Cabojal, Santa Marina y Repipe. En las laderas, núcleos de la minería histórica: Pumarín, Sarabia, Felguerúa y otros menores.


 

En la década inicial del XXI, Figaredo ha pasado de 2.860 a 2.353 residentes, 500 menos en sólo diez años. Dato que da idea del impacto del envejecimiento de la población residente y del parque inmobiliario.  Sobre el que pende la amenaza de la marginalización creciente, como en el conjunto de la periferia urbana de Mires y de la comarca de la Montaña Central. La lentitud en el desarrollo de los proyectos clave de la reestructuración territorial (el parque científico-tecnológico en L'Arquera como ejemplo) tras el cierre de las minas, la ocupación del suelo por instalaciones en desuso y la escasez de apuestas por proyectos residenciales y empresariales, o su escasa dimensión, han jugado en contra de la modernización urbana de Figaredo en los años clave del cambio de ciclo económico. También hay claros en el horizonte, la situación y accesibilidad juegan a su favor, pero queda tarea por hacer. Convertir lo que hay en paisaje urbano atractivo para la función residencial, reacondicionar, aprovechar el suelo rehabilitado de la minería para nuevos usos empresariales, aprovechar las ventajas de su localización sobre el principal eje de comunicación regional, encauzar la iniciativa local a nuevos proyectos territoriales. Cauces de futuro si se cree en las comarcas mineras, componente fundamental, cuantitativo y cualitativo, de Asturias. El esfuerzo es considerable y requiere respetar los compromisos, iniciativa, resistencia y perseverancia. Tanto para imaginar y realizar proyectos ambiciosos y eficaces como para mantener la vida social diaria, lo que es obra de admirables personas que una vez concluida su vida laboral siguen comprometidas con la mejora de su pueblo en muchas facetas. No son pocos. Algunos han sido citados por su dedicación encomiable en esta serie y para esta localidad, recordemos en nombre de todos a Teodoro Conde, «El Viti», que se cree alcalde, con toda razón.

FUENTE:  Fermín Rodríguez / Rafael Menéndez /

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