7 de septiembre de 2012

Aproximación a la historia de un Valle - Turón


Turón y S. Justo: aproximación a la historia de un valle y a la evolución de uno de sus núcleos


No se puede actuar como bárbaros,
arrasando lo que estorba a nuestros planes,
sin reparar en el mérito de lo que se destruye
(Benjamín Álvarez "Benxa")
San Justo (Turón)

El Valle [1]
El topónimo Turón no designa hoy una realidad clara y precisa. Llama mucho la atención a los que son extraños al Valle, que se les responda a la pregunta sobre sus orígenes, con la respuesta de Turón y luego se encuentren con que la correspondencia hay que remitirla a La Veguina, La Felguera, El Lago, S. Andrés... Los extraños al Valle opinan que tal cosa es como decir fuera de la región que uno es de Asturias sin dar otros datos y es en este razonamiento donde se halla la lógica explicación: fuera del Valle se es de Turón y dentro del Valle de cualquiera de los núcleos que lo conforman en sus alrededor de 50 Kms. cuadrados, distribuidos en forma de U de Este a Oeste. Por otra parte el último Nomenclátor (1986), desagrega excesivamente las unidades de poblamiento y Turón, entre otras, no figura como entidad, lo que complica aún más la situación.
El Valle de Turón, está situado a 7 Kms. de Mieres del Camino, capital del Concejo homónimo y cabecera de la Comarca del Caudal. Al Valle, se accede siguiendo la vieja ruta del Camino de Santiago, desde el pueblo de Figaredo por una carretera que desde los restos del palacio de los marqueses de S. Esteban del Mar (originariamente de los Quirós) sube sin desvíos, atravesando el territorio, hasta Urbiés, a 11,5 Kms.; desde allí hacia la izquierda se desciende a Langreo y hacia la derecha a Laviana y también por la parte alta, desde La Colladiella, se pasa a los Concejos de Aller y S. Martín del Rey Aurelio. En esta zona oriental que es la más alta del Valle, se encuentra una de las elevaciones más importantes del Concejo, la Burra Blanca de 1155 m., así como la fuente La Rigá, donde nace el río Turón. El río Turón se forma con los arroyos de Tres Concejos y de Abeduriu, que a su vez recibe las aguas del de La Collá: por su margen izquierda fluyen los arroyos de Felguerosa, Colladiella, Villandio, Fresneo, Cutrifera y Fayas; por la derecha los de Colladiella, S. Justo, Sienda, Repedroso y La Felguera. El río configura en buena medida el carácter del Valle, siempre lo ha configurado: estrecho, alineado en su plano a ambos lados de la carretera y con una fuerte inclinación de las vertientes, que son aprovechadas para la vivienda, ocupando las zonas más amplias las explotaciones industriales como antes las ocuparon los terrenos de labor; de todas formas, la escasez del suelo es tan importante que hace que puedan verse las instalaciones mineras en las inmediaciones de las viviendas e incluso entremezclándose con ellas. Esta situación está cambiando de nuevo al efectuarse acciones urbanísticas de mejora sobre los antiguos núcleos poblacionales e industriales, que intentan recuperar un hábitat profundamente degradado.

 
 El valle de Turón.

Aunque no hayan llegado hasta nosotros testimonios de importancia, el Valle estuvo habitado desde época muy antigua. Se puede constatar la presencia de comunidades Neolíticas, a partir de grupos humanos que se extienden desde las zonas costeras de Asturias hacia el interior y desde las llanadas hasta asentamientos en altura, donde desarrollarán una economía agrícola y ganadera; a este momento entre el 4000 y el 2300 a.C., corresponderían los grupos dolménicos de La Cobertoria o los túmulos en los collados de comunicación entre valles, como los que separan Turón de Aller y Langreo[2] Desde finales del primer milenio, pueden constatarse en Asturias, las primeras oleadas de los pueblos indoeuropeos; en torno al siglo V a.C., comenzará la integración con la población existente, cuyo grado desconocemos. Los recién llegados aportaron algunas novedades: la explotación minera, el uso del carro y la utilización del caballo como montura; estas gentes, vinculadas a prácticas religiosas de carácter animista, pronto se organizarían socialmente en asentamientos unidos por lazos de sangre o por la vinculación de dichos asentamientos, los castros, a un territorio concreto. De las distintas etnias, parece probable que fue por su área de extensión territorial, la de los Luggones, la que ocupó el área del Valle, aunque es más difícil identificar a los clanes, de cuyos asentamientos tenemos varios ejemplos: Sarabia, en las cercanías de Peñule, Castrillón de Rozadiella en Quentu S. José‚ Pico Escucha en las cercanías de Armiello, Villaño en Villandio, L´Artusu, El Collau en Urbiés[3]Estos lugares, estarían habitados por pequeños grupos familiares con una debilitada herencia matrilineal y una forma de vida basada en una economía mixta agrícola (cebada, centeno, mijo, bellotas...) y ganadera (ovinos, bovinos, cabras, caballos y cerdos) apoyada por la caza y la pesca fluvial y complementada por labores artesanas y trueque comercial.
El intento de conquista por parte de Roma (29-19 a.C.) supuso además de los largos años de enfrentamiento, un proceso donde se asentaron fuertes relaciones de comunidad entre castros, pero el fin de la lucha supuso el comienzo de un proceso de aculturización cuyo grado de intensidad, se sigue discutiendo. Lo que si parece es que a partir de la mitad del siglo II de nuestra Era, ya existe un proceso de asimilación de parte de la población indígena por los grupos romanos, con quienes se mezclan y toman sus costumbres. A esta romanización, responden las explotaciones agrarias, las villas, que se prolongarán en época medieval y cuyo recuerdo nos llega en la toponimia[4] aunque en algún caso, queda la duda de si hay transmisión en el tiempo o si bien surgen como enclaves nuevos. La crisis en el mundo romano y la pluralidad de causas que precipitaron la ruptura del mismo, propiciarán una etapa marcada por unas circunstancias confusas y difíciles que protagonizarán los pueblos germanos. En Hispania, suevos, vándalos y alanos, están presentes desde el 409 y Asturias se verá anegada en el 469, por las incursiones de suevos y visigodos sobre los astures transmontanos, aunque estas luchas se alargarán todavía hasta el siglo V, ya que entre el 612 y el 621, diversos duces visigodos (la etnia que al final se impondrá como predominante en la Península) emprenderán campañas en la región para ahogar los focos de rebeldía. Desde el siglo V en las montañas se refugiaban los hispano-romanos agrupados bajo la dirección de seniores de las distintas comarcas, celebrando sus asambleas en los lugares más apartados, mientras la masa del pueblo, mucho más variada racialmente, se acogía a los antiguos castros revitalizados o a núcleos de carácter aldeano, los vici, gozando de cierta autonomía y evolucionando en sus estructuras sociales pero anclados en una economía primitiva. Este mismo aislamiento, propició el mantenimiento de los ritos paganos ofreciendo clara resistencia a la penetración del cristianismo; a pesar de ello, en torno al 573 hay predicaciones del ermitaño Millán en Asturias, luego elevado a los altares y cuyo recuerdo guarda la toponimia del Concejo en nombres como Altu Santumillanu y Santullano. Es factible presuponer que otros realizarán su labor en los montes asturianos, ocupando y sincretizando los viejos lugares de culto precristiano.

 

 En este primitivo monaquismo radica el germen, según mi opinión, de los asentamientos poblacionales en el Valle, en los siglos inmediatamente anteriores a la época medieval.
Cuando los pueblos musulmanes llegan a la Península Ibérica, la situación de las comarcas ocupadas por los astures transmontanos era marginal. Dos grupos de población van a destacarse entonces en Asturias: una masa indígena, refractaria a cualquier tipo de invasión y una minoría hispano-romano-visigoda que asumirá la tarea de suministrar a la masa poblacional, elementos de mando frente a las nuevas circunstancias. El núcleo militar que se unirá como tercer elemento poblacional, era reducido en número y claramente localizado en Gijón, donde gobernaba como valí, Munuza. El profesor Fernández Conde[5] opina que en este momento el poblamiento se encontraba compartimentado en valles muy diferenciados geográficamente, que configuran cada grupo social con características especificas. Es la unidad de valle que todavía hoy, tiene connotaciones antropológicas singulares. La forma de vida en estos valles basada en una economía de subsistencia, de agricultura extensiva y ganadería seminómada, ofrecía pocos atractivos para los musulmanes. La primera documentación alto medieval nos deja atisbar una sociedad de comunidades de aldea, propiedad colectiva y organización social con estructuras matriarcales en crisis, remarcada por grupos de parentesco con un jefe a la cabeza; una sociedad poco evolucionada y arcaizante, pero libre, vinculada a la tierra y renuente a cualquier tipo de imposición foránea, sobre todo fiscal. Al fin, todos estos componentes, contribuirían a dar al traste con el débil poder político musulmán. De hecho, la denominada batalla de Covadonga, no fue más allá de una escaramuza entre, posiblemente, un grupo de notables reunidos para una asamblea comunal y una partida musulmana de exploradores o de recaudadores de impuestos; nada que ver con lo que la providencialista monarquía asturiana, magnificó con notable sentido político. Este providencialismo y sobre todo la visión neogoticista, vendría dada por la aceleración del proceso evangelizador en Asturias y por la llegada de continentes mozárabes que aportarían también, los conocimientos para establecer un aparato administrativo adecuado.
Los albores del medioevo en Asturias, se definen por un carácter extremadamente rural, fruto tanto de un territorio con poca tradición urbana como del proceso de ruralización de todo el Occidente europeo. La aldea aparece como la unidad básica del poblamiento y si bien en escritos cultos se emplean los términos vici o vicos para describirla, los documentos optan por elegir el término villa, que enlazando con la tradición tardo-romana, parece designar un espacio territorial dotado de una serie de realidades (tierras de labor, pastos, molinos, casas...) que lo convierten en una unidad de explotación rural[6]. A la formación del poblamiento aldeano, se llegó en un proceso de progresivo sedentarismo, propiciado por las clases privilegiadas que eran al fin quienes favorecían el proceso repoblador y concedían los asentamientos; los lugares de formación eran siempre desniveles o laderas, terrenos poco productivos, salvando así los lugares más feraces para los cultivos: el Valle de Turón es en este caso un clarísimo ejemplo que se mantuvo sin alteraciones durante centurias. Los valles fluviales, puntos de atracción para que grupos humanos se establezcan, serán los grandes ejes ordenadores del territorio; en muchos casos serán utilizados en los documentos de la época como puntos de referencia. Es lo que ocurre por ejemplo, con el río Aller (el actual Caudal) que define con claridad los lugares del Valle de Turón[7]. Se sabe poco de los núcleos aldeanos; desde luego se puede decir que se organizaban en torno a un lugar de habitación, parcelas frutales, campos de cereal y viñedo y amplias superficies de pastos y montes, pero no se puede aventurar la estructura exacta de los mismos; en cuanto a otras referencias contenidas en los documentos como molinarias, atzoreras, calinarias..., no se puede olvidar que responden en muchos casos a realidades del XII[8]. Sí se constata sin embargo, que la ecclesia, con carácter polivalente (centro de explotación económica, lugar de culto y marco de encuentro de la comunidad) ha hecho su aparición. La documentación del Valle en el periodo entre el finales del IX y principios del X, contiene un buen número de referencias sobre ecclesias que configuran parte de los asentamientos tradicionales del territorio. Desde el siglo V, referencias a iglesias rurales, son frecuentes en toda la Cristiandad, fruto de la expansión religiosa fuera de las ciudades; estas iglesias tienden a situarse en cabeceras de territorios, extendiendo su influencia sobre los mismos jurídica y jerárquicamente y ocupando antiguas villae y castella, erigiéndose como centros del culto oficial y litúrgico y equiparándose a parroquias, centros segregados de la iglesia-sede; por otra parte, surgen oratorios o iglesias privadas, auténticas unidades de explotación agrícola y familiar, fundadas por un señor en dominios propios, con los bienes suficientes para mantener el clero a su servicio e integradas en la comunidad, de cuyos miembros se nutren. En torno al siglo VII, eran una consolidada realidad y mientras las primeras acogían cultos oficiales, las segundas se erigían en honor de santos más heterodoxos y cuyas reliquias estaban allí presentes o representadas y que en muchos casos son el núcleo primitivo de un poblado. La invasión islámica tuvo como consecuencia la desarticulación del sistema establecido y una mezcla de valores que desfigura la estructura original. La confusión que se daba en muchos casos, entre iglesia y monasterio, se acentúa y al final de la época visigoda, las diferencias que pudiera haber, se difuminan[9].

 

En estos momentos, la economía se caracteriza por una agricultura embrionaria y un predominio ganadero. La agricultura de bajos rendimientos y seminómada se presenta como auténtica devoradora de terrenos[10]. No sabemos con total seguridad qué se llega a cultivar; la formula terras, pomares y vineas, es la más utilizada por la diplomática, englobando en ellas cultivos cerealísticos, frutales y presencia puntual de la vid; podemos estar ante simples formulas documentales, aunque diplomas del Alto medioevo, se refieren con naturalidad a grano y sidra, con lo cual se puede presuponer una imagen bastante aproximada de la realidad. La ganadería presenta mayor importancia y vitalidad, favorecida por los condicionantes físicos que influirán en el desarrollo de los pastos; en el caso del Valle las laderas y cordales crearán un adecuado caldo de cultivo con abundantes pastos naturales que fueron objeto de un creciente aprovechamiento a lo largo de los siglos VIII y IX y que a partir del X, van pasando cada vez en mayor medida bajo el control de los grandes señoríos eclesiásticos[11].
Se puede decir que para la Alta Edad Media se va dibujar una situación caracterizada por el aprovechamiento primitivo del espacio agrario, el papel fundamental de la recolección, una agricultura rudimentaria en utillaje y un peso notable del sector ganadero. Asimismo, es en el siglo VIII, cuando comienza la disgregación de la propiedad que sustentaba la organización tribal: los individuos se desprenden de las porciones que les corresponden entre parientes y coherederos y lo que es más importante no sólo de su parte física en la tierra colectiva sino también del derecho sobre la misma. Las propiedades son ya en si pequeñas por las características geográficas y los sucesivos repartos hereditarios las empequeñecerán aún más; las donaciones y ventas permitirán el acceso al grupo familiar de personas extrañas al mismo y completarán el efecto disgregador propiciando la aparición de la propiedad privada bien en manos de pequeños campesinos libres, bien incorporadas a un patrimonio de dimensiones mayores, que con el tiempo también conseguirá integrar en el mismo las propiedades alodiales. A pesar de todos estos cambios, el modelo social vigente, estará marcado por elementos gentilicios. Hay un predominio de población libre, organizada en comunidades de aldea, con un sentido de la familia extenso y erigido como célula básica de la sociedad, que parece asentarse sobre lazos de parentesco, donde los ancestros desempeñan un papel de relación con el derecho de propiedad de la tierra, así como también la mujer, en un recuerdo evidente del pasado matriarcal que se difuminará en la segunda mitad del siglo IX, al imponerse la sucesión de padre a hijo. Y será entonces cuando los vínculos de dependencia comiencen a estructurarse en torno a los dos elementos claves del feudalismo: los señores y el campesinado.
Dentro de este marco, la Iglesia actúa como agente civilizador y con ella penetran en Asturias, influencias externas que afectarán tanto al ámbito material como espiritual. Está aceptado por numerosos autores, que desde el siglo VIII hay presencia de monjes eremitas en Asturias; llegaron quizás apoyados en su celo misionero siguiendo los pasos de otros monjes que ya habían asumido en los siglos VI y VII, la tarea de evangelizar a los astures; Asturias les ofrecía por otro lado, la soledad que convenía a su misión y la protección frente a las oleadas musulmanas. Minguez Fernández[12], señala que todo el norte de los páramos leoneses constituiría en el siglo X un inmenso bosque que enlazaba y servía de transición entre el bosque de la meseta y el de la montaña cantábrica. En centurias anteriores se había formado un gran núcleo cultural visigodo creado por S. Fructuoso, el santo de la Tebaida leonesa del valle del Silencio, en el Bierzo, donde se establece con anacoretas de la Bética, Toledo y Mérida, que ocuparon también lugares del patrimonio familiar del santo en León, ya próximos a Asturias[13]; por otro lado, a causa de las invasiones musulmanas y sobre todo a causa de las razzias de Almanzor, grupos de emigrados (iuniores, pequeños propietarios y colonos) se trasladaron desde la Meseta hacia las montañas de Asturias y León; a estos grupos se les unirían contingentes mozárabes desplazados de tierras más al Sur. De hecho, con anterioridad y según recoge Antonio Yepes[14], monjes de Sahagún se habían acogido a las montañas asturianas, huyendo de las incursiones árabes; en estos contingentes de población, había prendido con fuerza el culto a los mártires de época romana y musulmana y de hecho, no es descartable pensar que grupos escogidos de dicha población, traerían consigo reliquias de los citados mártires. Por otra parte no debemos olvidar que en el caso del Valle de Turón, se dan todas y cada una de las características que son elegidas a la hora de establecerse en los primeros siglos medievales por grupos de monjes que constituyen la vanguardia de la repoblación: lugares con fuentes de agua[15], zonas de pastos, vegas fértiles y abrigadas y terrenos fácilmente protegibles frente a posibles incursiones. Quizás la falta de datos documentales, pueda suplirse con un análisis amplio y riguroso de la rica toponimia menor que conserva el Valle y que salvo excepciones ha llegado a nosotros con notable pureza; por otra parte no hay que olvidar que la formación de topónimos derivados de nombres de propietarios, partieron en muchos casos de las repoblaciones de los siglos VIII al X[16].
A fines del X, la monarquía retrocede en beneficio de los grandes señoríos, laicos o eclesiásticos, quienes se convertirán en los grandes protagonistas del devenir histórico de la región en las tres siguientes centurias; señores muchas veces anárquicos e insumisos ante el rey y abanderados del proceso feudalizador de la tierra. Un segundo escalón social, va a conformarlo una nobleza de segunda fila, una nobleza rural de pequeños propietarios libres en la que más adelante cristalizarán los hidalgos. El tercer escalón lo integrará el campesinado, un sector que progresivamente irá quedando bajo el control de los señoríos y en el que incluso se integrarán algunos miembros de la nobleza rural venidos a menos.
En el Valle se configuran dos núcleos señoriales eclesiásticos distintos: el que se estructura dependiendo del monasterio de S. Vicente y el que enlaza con tierras leonesas a través de S. Isidoro y Sahagún[17]. El Valle, entendido como unidad geográfica natural impuesta por la orografía, alberga villas y familias asentadas de antiguo en él[18] o que llegan a asentarse, creando fuertes lazos consanguíneos; al tiempo comienzan a perfilarse las bases de una primera organización administrativa encarnada en delegados regios (comes, tenentes, merinos...) que posiblemente y como opina el profesor Santos Coronas, debió encubrir una primera señorialización que aceleró el proceso de fragmentación de la propiedad agraria libre, que pasaría a engrosar el patrimonio señorial. La forma de villas evoluciona desde la simple explotación agrícola hasta el asentamiento de aldea con caracteres más complejos: en las vegas y laderas próximas a las mismas, se caracterizará por elementos disociados (casa, orros, molinarias, calinarias, tacularibus, ortos, terras...) que conforman el poblo; en las zonas de media montaña, la aldea adquirirá formas más compactas en sus elementos, aunque repite en parte el modelo de las zonas bajas, pero definiéndose por un espacio de aprovechamiento pastoril y comunitario, con la cabana como núcleo en torno del cual se organizan las zonas de pastos para el ganado, con un claro sentido estacional. En estos documentos[19], la casa se define con un terreno propio, el controzio, cerrado o no, que la delimita, los ortos, contribuyen al sostenimiento familiar directo, mientras las terras lauoratorias e por lauorare se destinan al sostenimiento de la explotación; la explotación se caracteriza por el sistema de rozas, que ocupan el suelo de manera intensiva y temporal principalmente por lino y cereal; no hay referencias expresas al tipo de cierres, pero si tomamos el que ha llegado a nosotros tradicionalmente, tendríamos dos tipos: el formado por sebes con elementos vegetales y en algunos casos, árboles frutales (para separar parcelas dentro de parcelas) y el formado por llábanes (para separar las fincas de los caminos) aunque en algunos casos se alternan ambos sin solución de continuidad; elementos como molinos, canales y hórreos, completan el ciclo de subsistencia más cercano al campesino. La ganadería se desarrolla de forma notable sobre todo por lo que a bovino y caballar se refiere, rentabilizándose los productos derivados de él (nata, leche, pieles, queso...) y sigue existiendo la animalia familiar, es decir, cabras y cerdos. Existe una pequeña industria rural vinculada a ferrerías, tejeras, alfares, lagares y molinos y que salvo casos de monopolio señorial como el de los molinos, se vuelca sobre el ámbito doméstico o aldeano. El movimiento dinerario es aún escaso y se suple con las medidas naturales, si bien en los documentos citados, ya aparece (quizás por tratarse de gente con capacidad económica amplia) una clara especificación monetaria.
La concesión en 1266 de la Carta Puebla, otorgada por Alfonso X a los moradores de Lena y Huerna, supone un avance de la monarquía frente a los abusos señoriales y un intento de adaptarse a nuevos modos de vida: un cambio en los modos de explotación -los señores se convierten en rentistas-, una paulatina desaparición de los siervos -convertidos en arrendatarios-, una mayor productividad del suelo y un incremento de la circulación monetaria y de la actividad mercantil. Pero la concesión de la Carta Puebla y la consecución del alfoz, que se extendía desde Arbas al Padrún, organizando económica y administrativamente el territorio no supuso todo lo que se esperaba.
El Valle, desde fines del XIII, se estructura como un elemento integrado en el Conceyón, que como unidad administrativa se enfrenta por la defensa de sus antiguos derechos y en alianza contra desafueros y malhechores y acude a Valladolid en 1295 a comparecer en Cortes. Turón vivirá en la Baja Edad Media, como la mayoría de la población asturiana, sometido social y económicamente a los intereses de unos grupos (nobleza, iglesia, burguesía) y todos bajo la presión de unas pocas familias que en mayor o menor medida, dirigen la vida política de la región, protagonizan la situación anárquica, monopolizan los excedentes de producción y controlan ésta en épocas de carestía, vigilan los accesos a la región y recogen los beneficios del comercio[20].
De los núcleos señoriales anteriormente mencionados, el monasterio de S. Vicente consolida su posición y adquiere a través de donaciones, arrendamientos y compras, un sólido patrimonio. S. Isidoro de León (a través de su Mesa Abacial) y la Catedral de Oviedo (a través de la Mesa Capitular) también están presentes como propietarios. Es en este momento cuando se amplían las tierras de lino, legumbres, cereales (y a su impulso los molinos) y frutales, consecuencia del aumento en la densidad de población; el proceso de explotación intensiva de los campos se agudiza, fenómeno que se extrema en los comienzos del bajo medioevo y que traerá como consecuencia la mejora de los aperos y nuevas formas de propiedad. En el Valle, el tipo de contrato por excelencia es el foro, que se mantendrá hasta las primeras centurias de época moderna y cuyos orígenes basados en la roturación y cultivo de terrenos incultos y yermos radicaban sobre antiguas tierras de fuero o privilegio; eran válidos por tres generaciones, con transmisión de dominio útil previo pago de canon anual y bajo ciertas condiciones. Asimismo, aparecen referencias a yuguerías o relaciones de copropiedad; lo que más interesa es que nos remite a la presencia de una especie de colonato[21]. También aparece una forma de propiedad colectiva muy antigua denominada amonte y avalle: comprende tanto términos cultivados como incultos, que tiene su origen en cotas de tierras señoriales y cuyo proceso posterior, ocupándose con huertas, prados y tierras de labor, que propician la propiedad individual, encastran y acaban desintegrando la institución. Por otra parte, aunque no se citan expresamente en la documentación manejada, es factible suponer que se dieran otro tipo de contratos agrarios como la aparcería, censos frumentarios o mampostería[22] (que si aparecen en la documentación del Valle en los siglos XVI, XVII y XVIII).
En todo este panorama, la propiedad sigue en manos de los señores, pero continua el proceso de fragmentación que la crisis bajo medieval agravará; por otra parte la vinculación que persiste con grupos familiares extensos, complica la transmisión de la misma que precisamente por esto, va acompañada diplomáticamente hablando, de términos muy claros y precisos y viejos ritos[23]. También se fijan con extremo cuidado los tributos. No eran por otro lado para el campesinado del Valle. Las guerras enriqueñas, las malas cosechas, las sequías y la muerte del ganado, la carestía del pan y la carne y el hambre, propiciaron en el XIV y el XV, catástrofes cíclicas. Ante la situación, los lazos vecinales se anudan con fuerza: el 23 de Abril de 1309, Fernando IV, confirma la hermandad constituida en 22 de Marzo del mismo año, por varios concejos y tierras entre los que se encuentra el Valle, para defensa de sus derechos porque se quejan ...de lo que reçebimos de aquellos que uos señor enbiades por uestros Adelantrados e por uestros merinos mayores, por razón que non fazen justicia en los malfechores e por otros agrauantes que reçebimos dellos... Podría considerarse éste, un intento de lograr libertades populares frente al dominio señorial: el Alcalde Real como representante del delegado regio y una Asamblea Vecinal que valida los actos jurídicos de los vecinos, regula las normas menores, elige los oficios municipales y toma acuerdos ordinarios y extraordinarios para la vida local, suponen algunos pasos adelante. En esta vida comunal, la ganadería se define con aires más abiertos que los que presenta la agricultura, atrapada en corsés más rígidos; por ejemplo, el uso y disfrute de montes y pastos, se mantiene con muchísima fuerza como actitud colectiva y será la que decida en los conflictos de pastos, bajo el arbitraje de los Reyes[24].
La industria derivada de agricultura y ganadería se incrementa en estos momentos, así como el movimiento comercial y monetario, revitalizado por el Camino de Santiago. El territorio se abre y se amplía al exterior, pero se reduce en el interior: la tierra se achica y hay que tomar medidas y se toman literalmente hablando: topónimos como La Cuadriella, El Cuadretu, Los Cuadrazales y El Cuedru, dan buena fe de ello y parecen responder a una parcelación de la tierra. Por otra parte, la Cuadriella, se ubica en la parte más baja del Valle, en los límites del territorio y ello, nos está indicando por un lado, la necesidad imperiosa de terreno y por otro, la consolidación definitiva de una ocupación lineal y constante del Valle, que se había iniciado en sus partes más altas cinco siglos antes. Turón pertenece en la administración civil al Concejo de Lena, en la administración religiosa al Arcedianato de Gordón, Arciprestazgo de Lena de Yuso y sus parroquias, son el elemento aglutinador de los poblos que las definen, si bien las aldeas siguen manteniendo su personalidad y los vecinos se reúnen en ellas por sistemas tradicionales, en el antealtar de la ermita o bajo un  árbol o un hórreo donde no existe ermita[25], aglutinando sus actuaciones en torno de elementos claramente comunales como la vozdevilla[26].
Protagonista de estas dos centurias en el Valle, es una población mayoritaria de campesinos foreros y pequeños artesanos, que trabaja para una nobleza rural que ha perdido fuerza y para una nobleza cortesana claramente identificada y al servicio de la alta nobleza: por ejemplo, los Quirós que en 1472 fundarán en Mieres del Camino el segundo vinculo de su Casa, extendiendo desde ella una política de lazos de sangre y económicos[27]; o Suer Alfonso, hijo de Voyro Suárez de Aller, que era a su vez el Mayordomo Mayor de don Rodrigo Álvarez de las Asturias.

 

Tradicionalmente, el Valle se dividió en dos parroquias, la de S. Martín ubicada en La Felguera con su hijuela de Sta. María de Urbiés y la de Sta. María de Peñuli (sic) en el límite de Turón con el actual Figaredo. Actualmente, el Valle se configura en cuatro parroquias: las citadas de S. Martín (desde siempre conocida como de Turón remitiéndose a sus más antiguos orígenes) y Sta. María de Urbiés (desgajada de S. Martín en 1885) y las de Sta. Bárbara ubicada en La Cuadriella y la del Carmen ubicada en S. Andrés, formadas en 1961 al desprenderse S. Martín de dos collaciones. Turón (entendida como parroquia) y Urbiés, mantuvieron siempre lazos de intercomunicación tradicionales, pero se van separando a medida que el concepto de parroquia entra en crisis y la industrialización con sus efectos de transformación del hábitat tradicional, va configurando una evolución distinta para cada una de ellas.
Pascual Madoz[28], describe a Turón como feligresía en la provincia y diócesis de Oviedo (5 leg.), partido judicial de Pola de Lena (2 1/2), ayuntamiento de Mieres (1 1/2). Situada en terreno montuoso con inclinación al O; clima templado y sano. Tiene 400 casas en los lugares de Urbiés, Collado, Tejera, Pedrero, Fabucosa, Dochal, Vallicuerra y varios caseríos. Hay escuela de primeras letras frecuentada por 50 niños, cuyos padres dan al maestro la retribución convenida. La iglesia parroquial (San Martín) de la que es aneja la de Sta. María de Urbiés, se halla servida por un cura de término y patronato real. También hay 5 ermitas que ninguna particularidad ofrecen. Confina N y E con Mieres; S Figaredo y O el concejo de Aller. El terreno es muy fértil; comprende varios montes y le baña un riachuelo sobre el cual hay un puente de piedra y 6 de madera, y confluye en el río de Lena a distancia de una legua. Producción de escanda, maíz, patatas, arvejos, castañas, avellanas y otras frutas; hay ganado vacuno, caballar, de cerda, lanar y cabrío; caza de perdices, liebres, corzos, osos, jabalies y lobos; y pesca de truchas y anguilas. Industria la agrícola, molinos harineros y 2 batanes. Población 400 vecinos y 1.600 almas. Contribución con su su ayuntamiento. Esta descripción de mediados del XIX, aunque somera y parcial, es muy similar a la que se puede traslucir de documentos del XVI al XVIII, por lo que respecta a producción agrícola y no demasiado distinta a la que nos presentan los documentos medievales: el Valle por sus especiales características se definió siempre por una clara vocación agrícola y ganadera, aprovechando al máximo el terreno tanto para hábitat como para terrazgo[29]. La población era mayoritariamente campesina y aunque en el Padrón de Hidalgos y Pecheros de 1555, hay una masiva presencia de hijosdalgo, se puede hablar de un grupo humano en la que sólo una minoría eran pequeños propietarios, siendo el resto arrendatarios y aparceros; existía un pequeño artesanado, pero integrado dentro de la forma de vida campesina y dedicados a sus oficios a tiempo parcial; y continuaba cierta emigración a tierras leonesas para la siega y otros trabajos temporales, lo que mantenía la comunicación tradicional allende los puertos. La unidad de producción era la casería, propia o alquilada; en ella se disocian la vivienda y el terrazgo: la constituían la casa-habitación de suelo terrero, a veces con cuarto alto dotado de corredor; al lado la corte o establo, con otros elementos adicionales como la tená o pajar y los caxellos d´abeyes (las colmenas) que en este último caso, se superponen a las paredes[30]; en la antoxana, el marcado sentido polivalente se imponía, por ser portal, lugar de reunión y taller de trabajo, levantándose el hórreo que servía de granero, delante de la misma o en sus cercanías. El terrazgo abarcaba desde el huerto para el pequeño consumo familiar hasta las tierras de labor propiamente dichas, cerradas por sebes (vegetales o de piedra) y en algunos casos manzanos; las praderías para el ganado, presentaban carácter comunitario, al igual que ocurría con los montes madereros.
Las condiciones descritas se mantuvieron hasta que a mediados del XIX, comenzó el proceso industrializador, que provocó una profunda transformación del espacio. Hoy, en los núcleos de ladera y a pesar de las actuaciones sobre ellos realizados, se puede seguir la pista de los primitivos asentamientos pero no ocurre igual en el fondo del Valle que en el XIX mostraba una apariencia totalmente distinta: las tierras por las que no pasaba el camino real desde La Cuadriella hasta La Felguera y que se corresponden con la actual carretera, los asentamientos industriales y los asentamientos poblacionales ligados a los anteriores, eran inmensas vegas feraces, aprovechadas al máximo para la producción agrícola[31]. Todo ello cambio con el arribo del nuevo estado de cosas propiciado por la industrialización. 


El Valle de Turón, como toda la actual cuenca del Caudal, sufrió con la industrialización de finales del siglo XIX y la explotación siderúrgica y minera del XX, una brutal transformación. Una Comarca con marcada tradición agrícola y ganadera, vio como se alteraban sus sistemas tradicionales de vida y como su hábitat sufría profundas y en la mayor parte de los casos, irreversibles transformaciones. Las actividades vinculadas al mundo rural se vieron desplazadas para ir desapareciendo progresivamente; las carreteras carboneras no sólo se trazaron sobre la antigua calzada romana (luego Camino de Santiago) que atravesaba la Comarca, sino también sobre la red de vías secundarias que ésta poseía; la explotación minera en profundidad arrasó los yacimientos de anteriores épocas históricas y la misma explotación en superficie dañó gravemente los asentamientos preexistentes al aplanarse grandes extensiones de terreno para servicio de los pozos; a ello se unió la acción degradante sobre el paisaje de las grandes escombreras y el sistema de lavado de carbón que no sólo contaminó los ríos, sino que también al imponerse la necesidad de mayor nivel de agua y la protección de los lavaderos de las riadas, hizo que se alterasen las márgenes de la cuenca fluvial; la construcción de elementos artificiales vinculados al sector minero acabó con los antiguos molinos, puentes y otros elementos tradicionales y completó la obra destructora; el crecimiento poblacional y la necesidad física de espacio para el aluvión de trabajadores llegado de todo el país a trabajar en las minas, añadió un nuevo elemento de alteración. En casos como el de Turón, un valle sumamente estrecho, en el que sus gentes aprovechaban al máximo sus laderas y llanadas, el efecto adquirió caracteres de catástrofe. La población del Concejo, a partir del Catastro de Ensenada que constituye el primer censo con datos fiables, evolucionó desde 1750 a 1960, en una progresión que considerada de forma acumulada supondría un aumento de 1.317%; las posteriores crisis de población y los efectos desindustrializadores han supuesto un descenso hasta 1991 del 24%; esta población además conforma un grupo humano estancado y envejecido.
En suma, el oro negro que significó al comenzar su explotación, el fin de un modo de vida basado en la tierra y la aparente riqueza que aportó, se ha vuelto contra el Valle mismo: la pérdida de parcelas de labor superó el 90% y con ellas desaparecieron todos los elementos inherentes al mundo rural entendido en su más pura esencia; se contaminaron los ríos y se degradó el paisaje y el patrimonio cultural; entre 1857 y 1950, aumentó la población en un 1044% y tal presión demográfica, supuso por necesidades físicas la explotación del territorio hasta límites insostenibles... En suma, un sector ajeno al Valle de Turón se asentó en el mismo para extraer lo más posible bajo los principios de jerarquía, economía y productividad[32]; una autentica política de tierra quemada.
La situación del Valle en este momento, no es halagüeña: un marco espacial degradado, la industria desmantelada y una población envejecida y estancada, en la que los más jóvenes de sus miembros se ven constreñidos al paro. Se han producido actuaciones recientes de mejora medioambiental y en comunicaciones, así como la recuperación lenta pero constante de la cabaña ganadera y cierta repoblación forestal... Pero ¿es esto suficiente para crear bases de futuro? Acaso los herederos de quienes propiciaron tal situación deban replantarse colaborar para devolver a Turón sus señas de identidad; las señas de identidad de un Valle que para quienes allí viven o han vivido, ha sido siempre una unidad física y social.
S. Justo
En la referencia más moderna que tenemos sobre S. Justo[33] podemos leer: pueblo en la ladera derecha del Valle, situado en una vega por debajo del Picu Cugullu, a unos 740 m. de altura. Tiene dos barrios: la Caleya y Les Cases de Cullá.
La referencia más antigua, parte de un diploma real del 20 de Abril del 857, por el que Ordoño I, da a la iglesia de Oviedo diversas iglesias, villas y monasterios y entre ellas in ualle Turone ecclesia Sancte Marie et Sancti Martini et Sancte Andree et alia loca que dicuntur Amnes et septem fontes, cum ecclesia Sanctorum Iusti et Pastoris in Porio cum omnibus bonis suis intus et foris. Y si bien el documento es una de las muchas falsificaciones del Obispo Pelayo, ésta lo es en el acto jurídico de la donación pero no en la existencia de los lugares que nombra, mucho más antiguos que el propio documento.
En este sentido y como primera referencia no escrita a S. Justo, cabe señalar el antiquísimo culto precristiano que se asentó en lo que hoy es la ermita del pueblo. Como saben los que conocen el lugar, dentro de la iglesia, a la derecha de la entrada, se encuentra un pozo del que se extrae tierra que aseguran tiene propiedades curativas, sobre todo para afecciones reumáticas: es más que probable que dicho pozo no sea otra cosa que el último resto del lugar que ocupó un dolmen o piedra sagrada similar ligada a un culto mistérico de los primeros habitantes del territorio; qué tipo de culto es algo que ignoramos, aunque quizás no sería descabellado suponer un rito benéfico y sanador ligado a la madre tierra. En todo caso, conocemos de la existencia en toda la zona de elementos similares (v. notas 2 y 3). Dicho culto no debió perderse con los romanos -bastante sincréticos en estos temas- y puede que dadas las condiciones de aislamiento del lugar se mantuviera con bastante pureza y aún más, que lo hiciera en los turbulentos años que seguirían al desmembramiento del Imperio y en los primeros años del Alto Medioevo, cuando algunos monjes eremitas buscarían como lugares de misión y de refugio, territorios especialmente recogidos y consagrados desde tiempo inmemorial. Ya se ha dicho en líneas anteriores que las invasiones musulmanas, hicieron desplazarse a numerosos grupos de cristianos hacia el Norte; no es aventurado suponer que miembros de estos grupos se asentaran en el Valle y que eligieran un lugar especialmente significado; la misión de convertir a los paganos entendiendo este término no como idólatras sino como habitantes de los pagus o aldeas, recayó siempre sobre pequeñas iglesias y monasterios, independientes de la jerarquía episcopal y con una gran capacidad de sincretismo religioso: un pequeño cenobio fundado por gentes venidas de tierra de infieles con santas reliquias y asentadas en terrenos fértiles y considerados desde siempre como sagrados, tenía bastantes posibilidades de obtener éxito como propagador del cristianismo y explotación económica. ¿Pero qué reliquias eran estas? Si el lugar ha recibido desde la Alta Media el nombre de S. Justo y S. Pastor (aunque el tiempo lo haya abreviado dejando sólo al primero) es evidente suponer que alguna reliquia de estos santos o al menos la tradición de ellas, llegó al territorio en este momento o en uno no muy posterior[34]. Hay que considerar también que el culto de los niños mártires tuvo mucho éxito entre los grupos mozárabes desplazados al Norte y entre los anacoretas del Bierzo; la leyenda sobre la llegada de los santos al pueblo es significativa: a lomos de caballería, de allende los puertos y por el camino que desde Urbiés salía a S. Justo a la altura del convento que se hallaba cimero sobre la iglesia[35]. Visto todo lo anterior, podría deducirse que S. Justo nace de la cristianización de un lugar sagrado desde tiempo inmemorial, sobre el que se asientan un grupo de monjes, desgajados del monasterio matriz[36] y dedicados a mantener el culto, atender las posesiones, cristianizar y orar. La actual iglesia, pudo ser, la capilla-relicario en memoria de los santos en torno de la cual nació el poblado que recibió el nombre del santo titular.
En cuanto a la evolución posterior todavía en época medieval, quedó supeditada en sus rasgos generales a lo que se ha dicho anteriormente para el Valle: roturación y cultivo sobre tierras de fuero o de privilegio, dominio señorial y cesiones del mismo al campesinado bajo pagos anuales y ciertas concesiones y una vida marcadamente rural, agrícola y ganadera; S. Isidoro de León y su Catedral primero, S. Vicente de Oviedo después y por fin los Quirós como grandes propietarios laicos del final del Medioevo, serán los que graviten sobre el territorio. S. Isidoro está presente desde el siglo XI cuando Alfonso VI, dona al monasterio, diversas posesiones, entre ellas, en el Valle de Aller, el monasterio de Hellenes con todas sus pertenencias; la ubicación exacta de este monasterio no esta clara, pero si se sabe que configuraba una gran explotación, formada por la denominada de forma ambigua Cuenca del Aller y que incluía lugares como Collanzo, Carabanzo, Grillero, Ujo, Roçamoyo (probablemente Rozamayor), Soto, S. Justo y Turón. A principios del siglo XIII, los tributos que recibía la explotación para S. Isidoro, se distribuían en la siguiente forma:
-3 sueldos de buena moneda (4 maravedíes) en marzo
-1/5 ó 1/7 de pan
-1/2 de cuanto criar o collir (un claro contrato de plantación)
-cada morador quatro varas de paño para bragal
-qui matar puerco dar los lombos al señor
-sernas: 4 (días) al año a barbechar, asembrar, axayar, acoger
-yantar: 2 = 60 maravedíes. Dependiendo que se pusiera nuestro cillero o nuestra mesa, iba al cillero o al Abad. Por lo general 1 lo daba el Concejo y 1 el Merino (de la partición de los vecinos)[37]
-la mujer que casar o tomar amigo pagar la boda al señor: 27 maravedíes
-el que muera sin hijos quanto ovier finca al señor
-las codicias e caloñas (multas) para el señor
Los siglos XIV y XV serán los que marquen el dominio de S. Vicente de Oviedo y de los Quirós. Es muy interesante por lo que supone para la intrahistoria del Valle y de S. Justo, un documento del último año del XV, que por lo que deja entrever transcribo al completo al final de estas líneas. El diploma es un contrato de aforamiento por tres vidas (el forero, el hijo y el nieto) que especifica claramente el pago del canon (120 maravedíes por S. Martín) y en el que se fijan ciertas condiciones (hacer una casa y un hórreo de madera, piedra y teja) y en él se ve la distribución del dominio señorial (S. Justo pertenece por mitad a S. Vicente de Oviedo y a S. Isydro [sic] de León)
En las centurias posteriores y hasta la entrada de la industrialización en el Valle, S. Justo seguirá los avatares de aquél. En el XVII, se forma en torno a la capilla, una cofradía que alcanzará notable vitalidad hasta finales del XIX, cofradía que se mantendrá en torno a la romería que se celebraba el 6 de Agosto; también en el XIX, el pueblo sufrirá los sobresaltos de la invasión francesa (soldados galos saquearán la iglesia) y los feligreses acudirán en su socorro para la restauración y la ayuda a las tropas españolas[38]; en 1934, la capilla fue destruida y al re-edificarse se empequeñeció al suprimirse el cabildo y uno de los arcos de entrada, alterándose de forma grave su esencia original que tan importante resulta para la reconstrucción arqueológica e histórica[39]. La llegada de la minería supuso para S. Justo, al menos en apariencia, el declive de su forma de vida: vinculada al campo, alejada de los centros neurálgicos de la industria hullera y mal comunicada; en 1880 quedaban 23 vecinos y a partir de ese momento el descenso se fue incrementando. Sin embargo, esta situación a la larga ha beneficiado a S. Justo: conserva con bastante pureza sus orígenes, la actividad agraria y sobre todo ganadera, se mantiene con fuerza y si bien sólo residen 3 vecinos todo el año, las casas están siendo restauradas para ser utilizadas por el verano o de forma temporal mientras se atienden las tierras y el ganado[40]; la carretera que durante decenios se le negó ha contribuido a mejorar sus condiciones de vida.
Quizás sea S. Justo hoy, un modelo a seguir para la recuperación del Valle: restauración del ecosistema, economía productiva y mantenimiento del hábitat. Porque es hora de comenzar a educar en el amor y en el respeto por lo nuestro, de buscar la manera de hacer sin deshacer, de mimar la memoria colectiva de la que somos guardianes y responsables frente a nuestros sucesores; en caso contrario nos habremos ganado a pulso la peor maldición de todas: la maldición del olvido.


ANEXO DOCUMENTAL
1499, Febrero 14
Gonzalo Rodríguez Vinagre, prior del monasterio de S. Vicente, Diego González, monjes y convento del dicho lugar, dan en foro por tres vidas, a Juan González, hijo de Alonso González de la Vega, feligresía de S. Martín de Turón, todas las heredades que el monasterio posee en S. Justo de la dicha feligresía
Archivo de S.Pelayo de Oviedo. Fondo de S. Vicente; leg. LXXI, nº 2113)
(Inédito)
Sepant quantos esta carta de aforamiento vieren como nos este bachiller gonzalo rodriguez vinagre, prior del monasterio de Sant Vicente de ovyedo et diego gonzalez et /monges et conviento del dicho monasterio estando ayuntados enel dicho monasterio en cuarto cabillo por tabla tapnnida segund que lo avemos de uso et de costumbre/ antel discreto varon Ruy Fernandez de lavandera canonigo enla iglesia de ovyedo, vicario fazedor por el onrrado et discreto varon don loys de peñafiel dean dela dicha/ iglesia de ovyedo et administrador perpetuo del dicho monasterio otorgamos et conoszemos por esta carta que aforamos et damos en aforamiento por vuestra vida et de / un fijo et un nieto que son tres vidas a vos Juan gonzalez fijo de alonso Gonzalez dela Vega que es enla feligresia de San martino de turon, todas las heredades et prados et monte et valle, dondo et bravo, visos et indivisos con todos los rios et fontes et molinetas que el dicho monasterio ende ha segund pertenesze et/ se dize de Sant Justo que es enla feligresia de turon de que es la meytad de todo ello del dicho monesterio de Sant vicente et la otra meytad de Santo ysidro de leon, las quales dechas heredades et termynos de suso declarados vos aforamos segund pertenez al dicho monasterio et avedes de fazer et he/dificar en el dicho aforamyento una casa et un orrio de piedra et de teja et de madera fasta quanto avosotros prestemos registralmente, lo qual vos aforamos de / Sant martyno que paso del año del señor de mill et quatrocientos e noventa et ocho años et nadelante por la dicha vuestra vida et de otras dos personas cibtadas/ de dar et pagar al que llevare nuestro cellero de Sant martyno de turon et en cada un año ciento et veynte maravedis pagados por el dia de Santo martyno en/ cada un año desta moneda que dos blancas viejas con tres nuevas fazen un maravedi en moneda que tanto vala al tiempo delas pagar saluo de todos cargos. Et estando dos años uno et empos de otro que non dades et pagades el dicho fuero enla manera que dicha es que el dicho afo/ramiento et bienes de vos sean tomados et rescibidos por no pago con todo el edificio que enellos estouyera fecho et mas quedades obli/gados a dar et pagar al dicho monasterio todo lo devydo del tiempo pasado et aviendo lo de dar o donar a algunas oubligaciones por vuestra alma que/ lo dades et donades antes al dicho monasterio que otro alguno et lo mismo aviendolo vender a persona alguna quelo fagades primeramente al abbad et prior et convento desti subnombrado dicho monasterio et alos que en so lugar subcediensen sy lo quysieren tanto por tanto como otro por ello diere/ et nonlas queriendo el dicho monasterio et conviento del que lo vendade a persona llana et abonada que dea et pague el dicho fuero el dicho monasterio enla manera/ que dicha es. Et yo el dicho Juan gonzalez por my et en nombre dicho my fijo o nieto o personas que despues de my subcediesen asi rescibo de vos los dechos señor et prior et monges et conviento vicario fazedor del dicho señor administrador este dicho aforamiento enlas condiciones et enla manera/ que dicha es, et me obligo dar et pagar el dicho fuero en cada un año el dicho plazo et fazer la dicha casa et orrio enla manera que dicha es/ et nos los dichos prior, monges et conviento et vicario fazedor por el dicho adminystrador ansy vos otorgamos el dicho aforamiento segund/ et enla manera que dicha es et nos obligamos dabos lo (...)[41] et guarescer a todos tiempos en derecho et de no voslo tomar nin quitar / por nosotros ni por menos ni por a tanto que nos otra persona por ellos dar, et por que esto sea cierto et firme et no venga endubda/ otorgamos esta carta de aforamyento ante alvar Rodriguez lauandera escrivano de camara del Rey y dela Reina nuestros señores et so escrivano et notario publico en la so corte et en todos los sos regnos, et signos nostros a quien rogamos que antemy son, alfonso (...) de soto (...)[42] / para cada uno de nos por quantos la fizier et la fizier et la signade de su signo que fue fecho et otorgado en el dicho monasterio de San vicente dela dicha cibdad de ovyedo, jueves, quatorce dias del mes de febrero año del señor de mill et quatrozi entos et noventa et nueve años. Oyentes / que fueron presentes loys de Veriña et alonso perez de Varzena et fernando ribero et juan cabeda vezinos del concejo de villaviciosa (...) Y yo el dicho alvar Rodriguez de lavandera escrivano et notario publico sobredicho que presente fui a todo lo subdicho es en uno con los dichos testigos et otorgamiento de las dichas partes de esta carta de aforamiento que fiz escrivir et fize aqui este mi signo que es en tal en testimonio de verdad (Signo y firma)


[1]Este artículo está extraído de un trabajo más amplio dirigido por el Catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Oviedo, D. Francisco Javier Fernández Conde y que fue leído por la autora en dicha Universidad, en Julio de 1994, bajo el titulo de Turón. Aproximación a un Valle durante la Edad Media. (↑)
[2]No se pueden olvidar algunos topónimos del Valle, que parecen enlazar con lugares de culto y formas de vida neolíticas: La Arquera, Piedrafita, Candanal, La Llamarga... No hay que olvidar tampoco el túmulo próximo al Picu Polio que hace pocos años se destruyó como consecuencia de la explotación minera por el sistema de a cielo abierto (↑)
[3]La totalidad se encuentra o desaparecido o en condiciones de desaparición, por explotaciones hulleras y de cantera. Quedan algunos restos en Castrillón o Escucha; en El Collau se mantuvieron parte de sus muros hasta el XIX y, a mediados de este siglo se encontró una urna con cenizas y figurillas de bronce en sus cercanías. (↑)
[4]Villandio, Villabazal, Villapendi... (↑)
[5]"Las raíces de la Reconquista. Covadonga". Historia de Asturias (La época medieval); Oviedo, 1990
[6]Algunos autores la consideran un gran dominio perfectamente organizado que anuncia estructuras feudales, pero esto parece excesivamente rígido, ya que las villas tienen su propia historia y evolucionan hacia comunidades aldeanas.
[7]Siempre y en todos los casos que el documento dice ...super flumen Alier... super riuulum Alier... o expresiones similares, se estará refiriendo al Valle de Turón. Sin embargo ...secus..., apud..., indicará  otras zonas del Concejo como Mieres, Baiña o Ujo.
[8]Fruto de las famosas falsificaciones diplomáticas del Obispo Pelayo en el siglo XII, para favorecer el dominio territorial de la Iglesia de Oviedo
[9]Cabe la posibilidad de que la documentación englobe en el mismo término de ecclesia, las iglesias rurales, las iglesias propias y los monasterios. Así y por ejemplo, cuando se dice ...in territorio Meres secus flumen Alier ecclesiam Sancti Iohnnis..., estaríamos ante una iglesia parroquial, mientras que cuando se dice ...in ualle Turone ecclesia Sancte Marie et Sancti Martini et Sancte Andree et alia loca que dicuntur Amnes et septem fontes, cum ecclesia Sanctorum Iusti et Pastoris in Porio..., estaríamos ante una realidad más compleja, vinculada con formas de monacato.
[10]A esta situación podrían responder topónimos como Busneo (en San Justo), La Rozá  (en Villapendi) o La Rozadiella (en las cercanías de Castrillón)
[11]No conviene olvidar la pronta especialización pastoril de las áreas montañosas próximas a las zonas agrícolas, especialmente las cerealísticas. De este mundo pastoril, quedan en el Valle, topónimos como La Braña, Brañidiello, La Cabana, Cabana Cimera, La Cabanina, El Cabanón, Cabritera, Los Invernales, Inverniego, La Pará, La Porquera o Los Praos de Guariza, por citar algunos de los más evidentes.
[12] El dominio del Monasterio de Sahagún en el siglo X: paisajes agrarios, producción y expansión económica. Salamanca, 1980
[13]Menéndez Pidal, Luis en Archivos Leoneses, nº XV, citando a José Menéndez Pidal.
[14]Crónica general de la Orden de S. Benito. Valladolid 1609.
[15]Por supuesto el río atraviesa el valle, pero la referencia al agua es abrumadora en la toponimia: Fontán, Fontán el Tecu, Les Fontanielles, El Fontanón, La Fontica, La Fonticona, Los Fonticos, La Fontona, Les Fuentines, La Fuente (y un número asombroso de variantes que incluye el Siete Fuentes documentado en el IX y, hasta una variedad dialectal, Huente, para la ladera Sur), El Lago, Regueras variadísimas y otros tantos Rigurus.
[16]Ya he hecho referencia anteriormente a los casos de las Villas, citando algunos ejemplos; a ellos se podrían añadir otros como Cu Tierra Marcos, La García, Gracifernendi, Maramuniz, Muñumartin, Pirifonso, Regarcía, El Riu Sancha Marina, La Sancha, Vallimartiniz, La Vallina Semendi... Cabe suponer que algunos de ellos, sean algo posteriores en el tiempo, pero desde luego todos son marcadamente significativos.
[17]Existen también algunas ventas a la Catedral de Oviedo.
[18]Un documento de Marzo de 1240, hace referencia a la venta que efectúa un tal Gonzalvo Moro en Viesca. Mi opinión es que se trata de un descendiente de mozárabes o venido de sus tierras.
[19]Siempre considerando que estamos ante documentos tipo que se adaptan a las necesidades individuales.
[20]Suero de Quiñones controlaba la ruta Pajares-Oviedo; el prelado Fernando Alvarez, desde el castillo de Tudela, cerca de Oviedo, saqueaba dicha ruta; y el señor de Noreña, acudía a poner orden alegando altruismo aunque protegía sus propios intereses. Cuando los Quiñones pierden protagonismo, aparecen los Quirós. Definitivamente el Concejo no tenía suerte; no es extraño que surgieran multitud de caminos secundarios, nuevos o revitalizados y en muchos casos secretos, cuyo rastro puede seguirse en la toponimia (El Caleyón, Les Calzaes, Sienda los Madreñeros...) para evitar a tanto "malhechor".
[21]El iuvero trabaja las tierras de un señor con los aperos, peones y animales del mismo; con el señor acuerda el cultivo y el reparto. Recibe a cambio la quintería (casa, muebles y pienso para el ganado), la annofaca (mantenimiento) y 1/4 ó 1/5 de la cosecha. Es una forma de trabajo de la tierra que parece remontarse al siglo XI como fecha más antigua y que en centurias posteriores se ejemplifica como explotación típica del proceso roturador. En el XIV, fruto de un proceso disgregador de la tierra pierde su sentido y entra en crisis.
[22]En la relación de propiedades de la Mesa Capitular de Oviedo, a finales del XV se citan en general los bienes de Turón. Pero ya entre 1280 y 1288, Guterriz Roderici, rico capitular, compra varias heredades en Turón, en lo que parece según opina la profesora Suárez Beltrán (El Cabildo de la Catedral de Oviedo; Oviedo 1986) una serie de oportunas inversiones. También el presbiter y arcediano Pedro Annaiaz recibe en estos años, la ración en pan y sidra de sus bienes en Villafría, en la zona de Canabatán.
[23]Se ven reflejados en expresiones como ...me obligo con todos mis bienes mobles e raíces..., ...segun me pertenesçen por titolos..., ...otorgo sobre santos evangelios y con mis manos corporalmente..., ...e con unos ramos de aruoles que en sos manos pose... Este mundo complejo de la propiedad ha pervivido incluso en el folklore: existe la tradición y la creencia de que aquél que cambie de lugar las señales de linderos de fincas y heredades, los finzos, después de morir no puede descansar en paz, hasta que regrese a la tierra para restituirlos a su sitio.
[24]Alfonso XI, otorga en 1341, una concesión de aprovechamiento de pastos a favor de Pinos y en contra de Lena, en base a derechos tradicionales.
[25]Los vecinos se reúnen a campaña tañida en concejo abierto.
[26]Este derecho a voto en la comunidad campesina, aparece en la documentación vinculado con otros derechos inherentes a la propiedad; dados los protagonistas de los documentos parece que el mismo está en manos de los privilegiados, cosa que se explica porque era un derecho canjeable y susceptible de compra-venta: es decir, un modo de control más por parte de las clases más favorecidas.
[27]A Gonzalo, le llamaba Isabel de Castilla el Rey Chico de Asturias, quizás porque le daba tantos problemas como el de Granada. Precisamente a Granada, acudirán hombres del Valle a guerrear, como acudirán también a las guerras con Francia, encuadrados dentro de las contribuciones concejiles.
Otro miembro de la familia, Lope González de Quirós, cuñado de D. Gutierre de Toledo, y Alférez de Rodrigo Álvarez de las Asturias, había extendido su patrimonio por todo el Concejo, incluido Turón. Hacían honor a la divisa que todavía campea en la Casa familiar de Mieres: después de Dios la Casa de Quirós.
[28]Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar. Asturias. Ed. Ámbito (facsímil) Valladolid, 1985
[29]Llama la atención lo pronto que fueron aceptados los productos americanos en el Valle, posiblemente por la necesidad de obtener en un territorio escaso pero fértil, abundantes producciones. Manuel Jesús López González (ob. citada) habla de una primera referencia sobre el maíz en 1677 y Fermín Bouza Brey (ob. citada) conjetura que la primera cosecha tuvo lugar en Asturias en 1605. Pero hay una referencia anterior: un documento conservado en el A.H.P. , señala que en 1601, Domingo Zapico de Turón, vende entre otras cosas un carro de maíz. Si tenemos en cuenta que Iturriza y Zabala en su obra Historia General de Vizcaya, habla de que el maíz fue importado de América al País Vasco hacia 1550, cabe admirar la vitalidad y la capacidad de adaptación a las novedades de un Valle en apariencia aislado.
[30]Benjamín Álvarez, en su obra Una comarca a punta de lápiz. Laminarium de Mieres y Lena, reproduce el pajar de José Zapico en Les Matielles, donde las colmenas van colocadas encima de una tabla situada sobre la puerta.
[31]Lo mismo ocurrió en Mieres del Camino, en la inmensa vega que se extendía desde La Villa hasta Ablaña y aún más allá .
[32]Álvarez Quintana, Covadonga. Casa y carbón. La vivienda minera en la Comarca del Caudal, 1880-1936. Liño, 6. 1986
[33]Toponimia 24, Colectivu L´Armá, Academia de la Llingua, 1992.
[34]Ignoramos por supuesto si los monjes trajeron reliquias; en muchos casos bastaba desde luego conque estuvieran representadas. En 1075, cuando Alfonso VI abre el Arca Santa en Oviedo halla entre otras ...ossibus fratum Santi Iusti et Pastoris... Bien pudo darse entonces el traslado de alguna de ellas a Turón.
[35]Las leyendas dicen que la mula que traía a los santos no quiso detenerse para construir la iglesia donde querían sus conductores sino donde ella quiso y donde al dar una coz al suelo, brotó el agua de manera milagrosa. Estos elementos (la indicación divina, el manantial milagroso...) que son comunes a muchas leyendas de traslación de imágenes y reliquias, posiblemente fueran unidos al recuerdo de la cristianización de un lugar ya sagrado.
[36]Esto explicaría las relaciones de dominio que luego tendrán sobre Turón, S. Isidoro de León y su Catedral.
[37]El 4 de Enero de 1407, el Abad de S. Isidoro, nombra encomendero mayor del monasterio a Diego Fernández de Quiñones, Merino Mayor de Asturias; y ello se reafirma por concordia (lo que parece indicar ciertos problemas) en León el 14 de Marzo de 1410.
[38]Referencias muy amenas sobre todos estos temas y otros del Valle desde la antigüedad a nuestros días, los ofrece Manuel Jesús López González en la obra Informaciones del Turón antiguo; Oviedo, 1995
[39]Las columnas del pórtico hablan de un edificio de dimensiones mayores y de mayor importancia que la que hoy podemos dar a la ermita de una aldea. Es más que probable que la actual iglesia desempeñara en tiempos pasados una función paralela a las actividades del convento, siendo el centro espiritual de la unidad económica que formaban aquél y el núcleo poblacional que se fue gestando.
[40]Actualmente sólo residen todo el año un matrimonio y su hijo. Desde estas líneas quiero agradecer a Gene su amabilidad por recibirme en su pueblo y en su casa y, por hacer un hueco en las faenas diarias para hablarme de S. Justo. Esta mujer, sencilla y entrañable, conserva sin que ella le de importancia, un auténtico tesoro en sus recuerdos y palabras.
[41]El pergamino está roto, impidiendo ver la palabra.
[42]( ...) Ilegible. 


 FUENTE: Mayte Zapico. (autora de este magnífico artículo, desde este blog quiero felicitar a Mayte Zapico, por el estupendo trabajo y la excelente documentación del mismo.)



Nacío en Turón (Asturias) en 1959, en el seno de una familia ligada al mundo de la mina. Realizó los estudios primarios en el Colegio de las Dominicas; con trece años se traslado a vivir a Mieres del Camín, capital del Concejo de Mieres, donde completó la formación básica y cursó Bachiller en el Instituto Bernaldo de Quirós. Es licenciada en Historia por la Universidad de Oviedo y profesora de Enseñanza Secundaria.
Realizó el Trabajo de Investigación fin de carrera bajo el título de “Turón: aproximación a un Valle durante la Edad Media”, bajo la dirección del Catedrático del Universidad de Oviedo, D. Francisco Javier Fernández Conde.
Casada, sigue residiendo en Mieres del Camín.
Sus intereses profesionales, se dividen entre la docencia y la investigación histórica y ha pronunciado diversas charlas y escrito distintos artículos, con especial referencia sobre la historia del Concejo de Mieres y del Valle de Turón. Actualmente trabaja en una obra monográfica sobre Turón durante la Edad Media.

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