31 de agosto de 2012

Los Patronos de Mieres (San Cosme y San Damian)

Santuario de Los Mártires

Insierto - Valle de Cuna



El Santuario de los Mártires Cosme y Damián se alza en pleno corazón del valle. Este Santuario hunde sus raíces en la época de la transición de la Antigüedad hacia la Edad Media asturiana. Sus orígenes pertenecen, por tanto, a lo más antiguo y venerable del cristianismo en Asturias.
El primer templo construido en la despejada colina del Utiru (la leyenda cuenta que su ubicación en principio no estaba pensada donde se encuentra hoy día, en la parte baja de la campa, sino que se intentó edificar en el alto, pero todas aquellas piedras y herramientas que allí se colocaban durante el día, caían durante la noche, sin saber por qué causa, al lugar donde está hoy. Después de varios intentos de reedificar de nuevo en la parte superior, siempre a la mañana siguiente, encontraban todo su esfuerzo destruido, por lo que optaron por edificar el templo primitivo en el sitio actual ) , pertenece a los siglos VII u VIII, según los arqueólogos, de ésa época procede el rústico  altar de piedra descubierto en 1960, cuando se deshizo el anterior presbiterio para construir los actuales altar y retablo de piedra.
El siglo XVIII, período de progreso, modernización y crecimiento de Asturias, fue también un momento expansivo para el Santuario. Ahora es cuando empieza su expansión acelerada. De éste siglo procede la edificación actual del templo, de sólida estructura y dimensiones muy superiores a lo normal en capillas rurales. Antes hubo de derruirse la vieja ermita, gastada por los años. En su lugar se levantó la iglesia que hoy disfrutamos con su amplia nave coronada de bóvedas, terminada en un corto ábside cuadrado, con dos capillas laterales. El conjunto forma un espléndido templo de cruz latina y gusto neoclásico con algunos detalles barrocos. Aunque los documentos sobre el proceso de ésta nueva construcción se han perdido, la tradición y una inscripción que remataba el arco de triunfo a la entrada del presbiterio, visible hasta el incendio de 1936, indican que la obra comenzó en la segunda mitad del siglo XVII. La piedra para la construcción fue traída, primero desde Valcenera (aún hay restos de una calzada por la que los vecinos la transportaron) y más tarde fue extraída junto al lugar mismo donde se levanta el santuario. La obra se prolongó durante bastante tiempo, con ritmo lento, según las posibilidades económicas del momento.

El templo de los Mártires adopta la forma de cruz latina. Se articula en torno a la nave central que termina en la capilla mayor o presbiterio, a cuyos lados se abren las capillas laterales que constituyen los brazos de la cruz. La puerta principal se enmarca en molduras barrocas. A los pies de la nave se alza el coro al que accede una escalera de caracol construida a la derecha de la entrada. La nave central, cubierta de bóveda de cañón, se divide en tres tramos, separados por anchas arcadas que reposan sobre columnas prismáticas de piedra. Los dos primeros tramos se cubren con cúpulas de lunetos que aún conservan la pintura original. Esta pintura, representa diversos motivos vegetales con sendos tondos en la intersección de las aristas, en el primero de los cuales se representan los signos del martirio: palma, corona y espada; en el segundo, los símbolos de la profesión médica de los santos: bonetes negros, mortero con macillo y recipiente con instrumental. Las bóvedas del presbiterio y de las capillas laterales son de crucería con nervios de piedra y lunetes blancos.
La nave se cubre a dos aguas; las capillas laterales a tres y la torre a cuatro. Los pórticos están cubiertos de madera. Los muros se componen de mampostería de piedra arenisca. Las esquinas y los vanos están configurados por sólidos bloques de sillería. Formaban el pavimento grandes losas de piedra, sobre las cuales muchos peregrinos avanzaban de rodillas en gesto penitencial.
En el templo había cinco altares: el mayor de madera tallada cubría toda la pared del fondo de la capilla mayor hasta arriba; tenía a su centro a San Esteban, titular jurídico del templo, a su lado estaban las imágenes actuales de los Santos Cosme y Damián; éstas imágenes de madera policromada, son también del siglo XVIII. Todo ello se quemó, salvo las imágenes de los Santos. En la capilla de la izquierda estaba el altar de la Virgen Dolorosa tal como se conserva hoy. En la capilla de la derecha se alzaba el altar de San Sebastián, quemado también en 1936 y sustituido hoy por el altar que estuvo en el presbiterio de la parroquia de Valdecuna antes del actual retablo.
La nave central estaba cerrada por una magnífica verja de madera, desaparecida en el citado incendio, lo mismo que los altares de la nave. Éstos eran dos: el de los santos situado a la derecha en el que se conservaban las viejas imágenes pintadas del siglo XI; y el altar de la izquierda donde se veneraban la Virgen del Rosario y San Mamés, imágenes desaparecidas en el incendio.
Después del gran impulso recibido en el siglo XVIII el santuario no ha dejado de mejorar y enriquecerse con obras materiales o con iniciativas sociales. Durante el siglo XIX ha recibido diversas ampliaciones. Se hizo entonces la sólida torre campanario. La torre es cuadrada, de tres plantas separadas por una línea de impostas. Se alza a los pies de la nave y se sube a ella desde el coro. En el piso superior con cuatro ventanas cuadradas están las dos campanas. Se cubre con un tejado a cuatro aguas. La segunda planta tiene tres óculos dotados de rejas de hierro. La planta baja está abierta y por sus arcos de medio punto se accede a la puerta principal. En el siglo XIX también se añadió el pórtico que rodea el templo por tres lados.

A escasos metros del Santuario, se encuentra la llamada "Casa de las Novenas", edificada en el siglo XVIII, quizá antes que la propia iglesia. Es una casa rural asturiana con portal ante la fachada, paredes sólidas y amplios tejados, bajo los que se cobijaba un gran llar tradicional, una amplia sala como dormitorio de peregrinos y otras celdas menores.
Las imágenes de San Cosme y San Damián sufrieron muchos avatares desde su instalación, sobre todo durante la revolución y la guerra civil española, pero gracias a José Cosme Damián Fernández Lavandera (Pepín, el de Cuna), se salvaron de ser destruidas. Años más tarde el 13 de agosto de 1996 (era martes y 13) algunos "sinvergüenzas", en plena noche, entraron en el santuario y robaron los santos, aunque aparecieron días más tarde abandonados en una cantera. Este suceso ocupó varias primeras páginas de la prensa regional e incluso de los programas informativos nacionales (todavía no se sabe quién y porqué robó las imágenes). 

SAN COSME Y SAN DAMIÁN
Patrones de Médicos y Farmacéuticos
  • Historia de Los Santos:
Nacieron en Egea, hace más de 1700 años. Desde niños destacaron por sus cualidades y por su ingenio, estudiaron medicina en Siria, cuya escuela médica gozaba de gran prestigio, pues en ella confluían los saberes de Grecia, Mesopotamia y Egipto.


La medicina de entonces era muy sencilla, consistía sobre todo en una práctica aplicada y no teorías, apenas tenían instrumental, los medicamentos eran simples y escasos (los males internos se curaban con reposo y dietas, las fracturas se restauraban con habilidad manual y vendajes). Aprendieron su arte ayudando y trabajando con otros médicos veteranos, acabaron conociendo las virtudes medicinales de los elementos y el uso de los remedios naturales, basados sobre todo en las propiedades de las plantas. Además de practicar la medicina en su ciudad, atendían también a enfermos de forma itinerante. pasando de una localidad a otra, por eso fueron tan conocidos.
Cosme y Damián se entregaron a la medicina con paciencia y esmero, buscaban remediar a los necesitados, curando sus heridas, aliviando sus dolores, también procuraban ayudarles a orientar su vida, a vivir moralmente y a llegar a la fe cuando no la tuviesen. Su caridad se volcaba sobre los enfermos para llevar la salud a sus cuerpos y también para dar salvación a sus almas. En Cosme y Damián, además del esfuerzo profesional, la técnica y los medios humanos, intervenía la acción sobrenatural de Cristo produciendo sanaciones milagrosas. Ejercían su profesión sin exigir nada a cambio.
Pero cuando estaban en la plenitud de su activada surgió un terrible contratiempo. El emperador Diocleciano, que deseaba fortalecer el decadente Imperio Romano, decidió unificar las creencias y la mentalidad básica de los súbditos de su imperio por medio de la religión pagana, exaltando a la vez el cuto a Roma y al emperador. El que Cosme y Damián fuesen martirizados cuando se preparaba la gran persecución es signo de su relieve en la comunidad cristiana. Este atrajo la atención de los perseguidores que quisieron utilizar su muerte como un aviso que atemorizase en aquella región a otros creyentes. Los acusadores le informan de sus llamativas curaciones, las cuales atribuyen a encantamientos o acciones mágicas y añaden que por esto mucha gente deja el culto a los dioses paganos e ingresa en la Iglesia cristiana. Por ello, se toma la decisión de eliminarlos. El gobernador da la orden de que sean puestos a su disposición para ser juzgados. Durante el juicio, se les intenta "convencer" para que dejen su religión, pero ellos no ceden. Tras varios días de todo tipo de torturas, el 27 de septiembre, un verdugo les cortó la cabeza con una espada. de ahí que la fiesta en honor a ellos sea dicho día, aunque en otros lugares se celebra en otra fecha.
Así, en Egea, ciudad que los había visto nacer, recibieron juntos la muerte por su fe. Tras su muerte, sus figuras fueron creciendo en la memoria del pueblo que los había conocido, y pronto la ciudad de Ciro, que guardaba sus cuerpos, comenzó a darles culto. El Señor, mostró su aceptación del sacrificio de los dos hermanos realizando pro su intercesión lo que ya había realizado por medio de su trabajo cuando vivían. Así junto a su sepulcro y en sus templos se produjeron numerosas curaciones milagrosas, que manifestaban la gloria y el poder intercesor de estos mártires.
De este modo, la fama de los mártires médicos voló por todas partes. La veneración a su santidad alcanzó amplia difusión y su culto se propagó rápidamente. Las gentes se encomendaban a ellos, las ciudades comenzaron a dedicarles templos y a procurarse de sus reliquias. La Iglesia acabó inscribiéndolos en el catálogo de los Santos.
Estos Santos desbordaron desde el primer momento los límites del culto litúrgico para formar parte de la sensibilidad y de las tradiciones populares. Pronto se escribieron colecciones con las narraciones de sus milagros, que la gente repetía sin fin. El culto a San Cosme y San Damián, se difundió primero por el Oriente cristiano y más tarde por la Europa católica (Italia, Francia, Alemania, Reino Unido, España...)
  • Devoción en Asturias:
No sólo en Insierto - Valdecuna posee un antiguo e importante santuario de San Cosme y San Damián, sino que son también secularmente queridos y venerados en muchas partes de "nuestra tierrina". Según algunas tradiciones, la venida a Valdecuna de las reliquias, estaría en relación con el traslado del gran relicario que es el Arca Santa desde Toledo a Oviedo, huyendo de la invasión musulmana. Alguna otra tradición habla de una cédula del rey Favila permitiendo aquí la edificación de una ermita para albergar las reliquias de los Santos.
Desde tan lejano comienzo, durante largos siglos, esta santuario ha sido un foco ardiente del culto y la veneración a San Cosme y San Damián. Desde su claro y luminoso rellano que mira al sur en la mitad del flanco derecho del hermoso Valle de Cuna, fue proyectando sobre las aldeas vecinas y sobre otros lugares de Asturias y de más allá, la fe y la devoción. 


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