7 de agosto de 2012

"La Maquinona", Tati Valdes

Tati Valdés: o la ‘Maquinona’

"un deportista de Mieres de los que no se olvidan"


Crisanto García Valdés (Valdecuna, Mieres, 28 de marzo de 1947, valorado por sus facultades profesionales y humanas, internacional con la Selección española de aficionados y posteriormente técnico rojiblanco, falleció en Gijón el 14 de febrero de 2009 a los 61 años de edad

Ingresó en el conjunto rojiblanco en 1964, tras haber pasado con anterioridad por el San Pedro infantil y el Caudal –donde, por cierto, compartió vestuario con el cantante Víctor Manuel.

 

Con 18 años se incorporó al Sporting. Con el equipo rojiblanco debutó el 17 de octubre de 1965, contra el Indauchu, a partir de entonces, Valdés vestiría la camiseta sportinguista en 360 ocasiones, vivió dos ascensos a Primera División y llegó a formar parte de la selección española de aficionados en 6 ocasiones, debuto en Italia, marcó dos goles, aunque fue utilizado como extremo. Para el recuerdo de los aficionados queda su constante trabajo como organizador, su estilo directo con el balón y sus precisos envíos en largo y hacia la banda a mitos como Ferrero, Morán o Churruca, .Algunos entrenadores preferían otro tipo de fútbol, pero el mierense avisaba con una frase que luego se convertiría en una leyenda sportinguista: “Ya vendrá el barro” cuando se le preguntó que opinaba sobre el fichaje del centrocampista argentino Landucci, que en teoría iba a competir con él por un puesto en el equipo titular.

 

En 1979 su carrera como futbolista llegó a su fin, pero inmediatamente dio el salto a los banquillos. Durante los años siguientes, Valdés ocupó el cargo de segundo entrenador con Vicente Miera, Boskov, Díaz Novoa, Txutxi Aranguren y García Cuervo al frente del equipo. Además, dirigió a la selección juvenil asturiana, al Langreo y al Sporting Atlético en dos ocasiones. En 1992 regresaría a Mareo, su casa, para ocupar distintos cargos dentro de la secretaría técnica del club, hasta que en 2005 fue uno de los damnificados por el proceso concursal que vivió el Sporting y se prejubiló. Al margen de su vinculación al fútbol, Tati Valdés fue propietario de una librería en la Avenida de Castilla –la lectura era una de sus grandes pasiones– y socio junto a los ex jugadores rojiblancos Alonso y Montes del Mesón Miqueletos, en el barrio de la Arena.

 

A lo largo de su trayectoria, Valdés protagonizó numerosas anécdotas, pero aquí vamos a rescatar dos de las más célebres. La primera ocurrió en su etapa como jugador en un partido frente a la real Sociedad en El Molinón y televisado en directo para toda España. Días antes de aquel encuentro, una empresa de pelucas le ofreció una ante su más que incipiente calvicie. Según los responsables, nadie notaría la diferencia y podría jugar con ella sin problema. Al golpear por primera vez la pelota con la cabeza el peluquín saltó por los aires y el bueno de Tati se fue rápidamente abochornado a los vestuarios  para no volver en todo el partido, rechazando su uso para siempre. 
La segunda batallita también es digna de abochorno, pero para otras personas. Según contaba el diario El Comercio el pasado domingo, allá por 1995 Valdés presenció un partido del Girondins de Burdeos francés, donde le llamó la atención un futbolista alto y elegante que jugaba en el centro del campo. El ex jugador rojiblanco recomendó entonces a los dirigentes que trataran de fichar a su descubrimiento, pero en Mareo prefirieron esperar a que terminara contrato para incorporarlo. A los pocos meses, el desconocido futbolista fichó por la Juventus para comenzar a marcar a partir de entonces toda una época en el mundo del fútbol. Era Zinedine Zidane. Sobran las palabras, como tantas otras veces.

 

  Su compañero de club, Lavandera, lo definicio así:

 «Tati Valdés era el Zidane del fútbol asturiano»

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