9 de septiembre de 2016

Indalecio Prieto, un asturiano brillante e ingenioso

Indalecio, tan necesario hoy como antaño
Ilustración, Carlos Rodríguez Casado
La figura del político ovetense y su lugar clave en la historia del socialismo español del siglo XX
Indalecio Prieto recibiendo la noticia de la proclamación de la República
Se olvida con frecuencia, incluso tanto o más que durante el franquismo, la vinculación de Indalecio Prieto con Oviedo, sus orígenes asturianos y su toma de posesión como asturiano a partir de un periodo bastante temprano de su vida, y aunque ya pertenece a la Historia, su influencia sobre el socialismo asturiano. Prieto era de Oviedo, algo que él mismo tuvo olvidado durante la etapa de la juventud. Cuando volvió a recordarlo, no lo olvidaría de nuevo.
Prieto era todo lo contrario de un arranbundo sin tierra. Su familia materna procedía de Villaviciosa, de donde es el apellido Tuero, y sus asentamientos familiares están bien claros en Oviedo, donde su padre ejercía de empleado municipal. Nació el 30 de abril de 1883. Su padre, funcionario de Hacienda del Ayuntamiento, ascendió en el escalafón a contador. Cuando tenía once años su padre muere. Empieza un periodo de vicisitudes casi dickensianas para el pequeño. Hasta entonces su entorno familiar había pertenecido al ámbito de la pequeña burguesía ovetense que no tardaría en conocer las amarguras del trabajo por sus propias manos.
La madre, mujer decidida, abrió una pensión que albergó a los integrantes de un circo. La voracidad de sus miembros fue exaltada por Indalecio unas veces en tono recriminatorio y otras hasta ensalzándola.

José Díaz, líder del partido comunista; Juan Negrín, presidente de la República, e Indalecio Prieto, ministro de Defensa Nacional.
Era aquella una zona de Oviedo de muy buen comer, en cuyos alrededores sonaba la copla:
Adiós plaza del Fontán,
consuelo de mi barriga,
donde por dos perras dan
buenas fabes con morcilla.
Prieto nació en el número 12 de la calle Magdalena, de la que la familia hubo de mudarse a la buhardilla del número 14, demostración "hacia arriba" de descenso social.
El circo seguía comiendo y las ganancias disminuían: finalmente, la pensión hubo de cerrar. La familia se trasladó a Santander, y de allí, a Bilbao, donde Indalecio encontró un futuro político y donde comenzó su carrera. Por primera vez vio una ciudad iluminada.
Antonio Masip señaló por activa y por pasiva el número de la calle donde nació el político, aportando toda clase de documentación suficiente; se trata de una calle que parte de la plaza del Ayuntamiento hacia Santo Domingo y San Lázaro, de pasado religioso, político y literario, pues en ella nació también la escritora Dolores Medio, la autora de "Nosotros los Rivero", entre otras novelas. Es uno de los cogollos de la ciudad.
Prieto, ministro de Obras Públicas, es aclamado en Bilbao al inspeccionar las obras de la ría de Nervión en la primavera de 1933
Qué duda cabe de que la vida de Prieto habría sido muy distinta de no haber muerto su padre tan prematuramente. Pero en Bilbao acertó a ganarse la vida y a demostrar una gran capacidad para asimilar sus enseñanzas. Era una especie de David Copperfield en ambientes portuarios y sindicalistas, y como el personaje de Dickens se dedicaría a la literatura y a triunfar en la vida. Prieto no fue sólo un político y tribuno notable, sino también un excelente escritor y periodista. Su prosa ha sido elogiada por este articulista en diversas ocasiones: es un escritor elocuente, de frase larga, bien hilada y que discurre con facilidad por el conjunto de la oración. Era un escritor intuitivo pero no se le puede negar que fuera un buen escritor. Su retórica surgía de su elocuencia: escribía bien porque se expresaba bien.
Prieto fue la cabeza del ala socialdemócrata del PSOE en una época en la que el enfrentamiento ideológico estaba a la orden del día dentro de los socialistas. El enfrentamiento era inevitable: había que impedir que la parte más radical y sindicalista del socialismo se adhiriera a la Tercera Internacional, y dentro de las organizaciones socialistas, la línea de la UGT representaba unos anhelos revolucionarios que parte del partido no compartía. Prieto dominaba el aparato del partido y el periódico "El Socialista", pero no el sindicato ni las masas y de este enfrentamiento vendrían resoluciones trágicas, en algunos casos.
Ilustración de Pablo García
Algunas acciones de Prieto, como su participación en la revolución de Asturias de 1934, de la que se arrepintió y por lo que pidió disculpas, dieron paso a un período de moderación después de la guerra. Prieto representó el socialismo español en el exilio hasta la llegada de las nuevas generaciones, que convertirían al PSOE en un espectáculo por obra de González y Guerra, pero cada vez más alejado del viejo socialista pablista. Hoy nadie se acuerda de Prieto, como ha venido a reprochar Alonso Puerta en el Club Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA. Probablemente, todo lo que ha dicho Puerta sobre Prieto no sea exacto ni aproximado, pero se trataba de un gran hombre; tal vez el mayor político nacido en Oviedo en el siglo XX y el único con sentido de Estado de la época moderna, junto con Antonio Cánovas del Castillo y Antonio Maura. Su fracaso en 1936 fue el de su partido y el de toda España: cabe la esperanza de que con su buen sentido y su concepción del Estado lo del 18 de julio de 1936 no hubiera estallado. Más parecía inevitable, en buena medida a causa de la oposición que se le hizo dentro de su partido.
"Indalecio Prieto fue maltratado en Asturias", denuncia Puerta: es cierto. Como tantos otros, Prieto, al menos, se las ingenió siempre para salir con vida y, lo que es muy importante, en libertad. Desde el exilio mejicano fue uno de los dirigentes de la resistencia antifranquista. Como anticomunista, se propuso el derribo del régimen sustituyéndolo por una democracia parlamentaria. No tuvo problemas en colaborar con los monárquicos y otras fuerzas conservadoras y en aceptar el pacto del Atlántico Norte, con lo que le quitó hierro a la opinión que los norteamericanos ultraconservadores pudieran tener de los socialistas españoles. Al final, ya muerto el dictador, el prietismo de sus seguidores Salazar y Salcedo anduvo por sendas totalmente desnortadas, sin que obtuvieran ningún resultado, porque la Historia iba por otros caminos.
Indalecio Prieto en una de sus intervenciones
Hoy sería muy conveniente conocer mejor a Prieto, político de una época en la que se debatía en el PSOE, con él como una de las cabezas del debate. Hombre orondo y exuberante, como parlamentario y polemista era implacable. En una época de mediocridad no solo entre los socialistas, se siente la nostalgia de figuras como Prieto, Negrín, Largo Caballero y Besteiro, no solo en el PSOE, donde, en la actualidad, a lo que se llega es a opciones de redención estremecedora intelectual. Prieto sería una figura muy importante en el socialismo, un hombre brillante, ingenioso y con salidas, que entendía la política como el arte de lo posible, y que, aún por medio del apaño, a todo le busca solución.
Sello Indalecio Prieto
FUENTE: JOSÉ IGNACIO GRACIA NORIEGA
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