3 de abril de 2013

El escritor, académico y mal educado D. Camilo José Cela

Don Camilo y las gallinas

                                    Retrato de Camilo José Cela





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En enero de 1983 alguien leyó con retraso el número quince de la revista «Los Cuadernos del Norte», editada por la Caja de Ahorros de Asturias y dirigida por el escritor Juan Cueto, que correspondía a los meses de septiembre y octubre del año anterior y estaba dedicada al 40.º aniversario de la novela de Camilo José Cela «La familia de Pascual Duarte». El plato fuerte de aquella publicación estribaba en dos artículos firmados por el propio autor homenajeado. En el primero, según su estilo provocador, manifestaba que ya empezaba a hartarse de Pascual Duarte y su familia, y en el otro, titulado «El jardín del ábaco», introducía una frase que el alarmado lector tardío fue el primero en encontrar insultante abriendo la puerta a un verdadero escándalo en cuanto la reprodujo el diario conservador «Región», de Oviedo.
«Los Cuadernos del Norte», editados por la Caja de Ahorros de Asturias, eran entonces una de las revistas literarias más prestigiosas del país, con una tirada que rondaba los 12.000 ejemplares y una periodicidad bimensual y la polémica venía de una afirmación que Cela ponía en su artículo en boca de una ciudadana ovetense: «¿Que la Virgen de Covadonga es pequeñina y galana? ¡Pues que se joda!».
Cuando se supo se sucedieron las protestas en forma de cartas a los periódicos, por su parte el secretariado de Medios de Comunicación de la Diócesis emitió un comunicado muy severo contra el autor y contra la revista, mientras el arzobispo de Oviedo y presidente de la Conferencia Episcopal Española, Gabino Díaz Merchán, eludía pronunciarse. Finalmente Cela fue declarado persona no grata en el municipio de Cangas de Onís y Alianza Popular presentó una proposición no de ley buscando una declaración de repulsa hacia el autor de «La familia de Pascual Duarte» por parte de la Junta General del Principado.                                                       
El escándalo duró algo más de un mes y el propio Cela se negó a hacer comentarios sobre el asunto, luego eso que algunos llaman memoria colectiva se fue enfriando y cuatro años más tarde, en 1987, el escritor recibía entre los aplausos de la multitud congregada en Oviedo el premio «Príncipe de Asturias» de las Letras.

Pero en el fondo quedaba el resquemor y así en 1994 otro nuevo artículo, esta vez publicado en el madrileño «ABC», volvió a encender la llama de la indignación. El escrito se titulaba «Las vacas gallegas», dentro de la sección «El color de la mañana» y allí trataba don Camilo sobre un problema coyuntural de su tierra: la cuota lechera que la Comunidad Económica Europea trataba de imponer a Galicia.
Esta vez la provocación estaba en el mismo inicio del escrito: «Cuando era pequeño creía que las vacas eran parientes nuestros, las vacas, los mirlos, las donosiñas, los perros y los gatos, las vacalouras, los jilgueros, las raposas, los grillos? las gallinas no, las gallinas podrían ser parientes de los asturianos, de los leoneses o de los portugueses, pero nuestros, no, de ninguna manera, las gallinas son estúpidas y asustadizas», luego Cela se extendía en menos de una página defendiendo la existencia de las pequeñas ganaderías de sus paisanos y ya, cercano al punto final, volvía a ponerse poético: «Cuando era pequeño creía que las vacas eran parientes nuestros, las vacas, las gaviotas, los topos, los canes de palleiro y los gatos de tejado, las ranas, los ruiseñores, los caballos, los saltones?; los gusanos de los muertos, no, los gusanos de los muertos no tenían parientes».
Cuando el texto se leyó en León y es de suponer que también en Portugal, nadie se sintió ofendido, pero en Asturias llovía sobre mojado y de nuevo la prensa se llenó de cartas de protesta y los cafés de improperios contra el escatológico gallego, pero en la cuenca del Caudal fuimos más lejos y seguimos el camino que Cangas de Onís había iniciado con el tema de la Santina.
El día 8 de marzo de 1994 el grupo Democracia Directa de Mieres, que tuvo una vida política corta pero activa y en aquel momento estaba representado en el Ayuntamiento por Fernando Vega Díaz cerraba el Pleno municipal presentando una moción sobre el asunto. Seguramente ustedes agradecerán más conocer su texto íntegro que mi resumen, así que aquí lo tienen. DDM expone: «En el diario "ABC" de fecha 29 de enero de 1994, se publica un artículo de D. Camilo José Cela, titulado "Las vacas gallegas", en el que se reivindica el aumento de la cuota láctea para Galicia, cosa loable para cualquiera que sea gallego. Pero en dicho artículo y sin saber a santo de qué, el premio Nobel dice (y aquí repite el primer párrafo que ya les transcribí más arriba).
»Una vez más el "insigne" individuo insulta a los asturianos como "estúpidos y asustadizos", condición que nos viene de nuestra parentela con las gallinas. No sabemos qué le hemos hecho los asturianos a tan "ilustre" personaje, pero no podemos consentir más insultos, por lo que proponemos al Pleno del Ayuntamiento de Mieres la siguiente moción:                                            

»El Pleno del Ayuntamiento de Mieres visto el artículo publicado por Camilo José Cela en el diario "ABC" de fecha 29 de enero de 1994, considera inaceptable y reprobable la conducta de dicho individuo por los insultos dirigidos al pueblo asturiano, declarándole persona non grata en este concejo de Mieres, se abstenga de invitar a participar o presenciar acto alguno en Asturias, al tiempo que por si cualquier contingencia éste se viera obligado a permanecer durante algún tiempo en Asturias se recomienda que se le acomode convenientemente entre sus parientes las vacas, para demostrarle que los asturianos no negamos la hospitalidad a nadie, procurándole con la mayor celeridad su salida del territorio de Asturias. Se acuerda remitir a la Junta General del Principado esta moción con la petición de que dicha Institución haga lo propio».

Después de la lectura se procedió a un turno de intervenciones para que cada grupo se posicionase al respecto. El Partido Popular se abstuvo y propuso que se exigiese al autor de esas manifestaciones una rectificación pública y el PSOE se limitó a suscribir lo manifestado por el portavoz del PP y también se abstuvo, momento en el que Fernando Vega volvió a insistir en lo justo de su moción y aclaró con respecto a la propuesta que acababa de escuchar que se oponía a que se le enviase ningún tipo de escrito porque don Camilo no se merecía ni un sello.
Le tocó el turno entonces al portavoz de Izquierda Unida, quien anunció su voto a favor por el hecho de que una vez planteada la moción si no salía adelante el que iba a salir fortalecido iba a ser el escritor grosero, pero también dejó abierta la posibilidad de que se pudiesen sugerir otras acciones como la exigencia de rectificación. El último partido de la Corporación, el CDS, no tomó la palabra ni quiso entrar en el debate y cuando llegó la hora de decidir se supo por qué.
La moción salió adelante con 7 votos a favor (IU y DDM), 16 abstenciones (PSOE y PP) y 2 votos en contra (CDS) y cuentan las crónicas y recogen los periódicos de aquella fechas que cuando se supo la decisión fueron numerosas las llamadas de apoyo que se recogieron en la centralita del Ayuntamiento, incluyendo mierenses, asturianos en general e incluso gallegos que manifestaron su disgusto con la actitud del Nobel y no faltaron quienes desde otros puntos de la geografía regional se ofrecieron a recoger firmas para refrendar y avalar la declaración de persona non grata en todo el territorio regional.
Bueno, ahora ya ha pasado el tiempo, nadie se acuerda de las boutades de Cela y el personaje hace años que descansa en paz, sin embargo sus obras -no todas, también hay que decirlo- son fundamentales en nuestra penúltima literatura y son muchos los lectores que siguen acercándose hasta sus novelas, incluso en Mieres, ajenos a la polémica de aquellos días, ¿Qué debemos hacer para ser coherentes: expurgamos sus libros de nuestras bibliotecas o perdonamos a don Camilo? Yo creo que lo último es más generoso y además si él pudiese corregir aquel artículo poco inspirado del «ABC» seguramente lo haría sin dudar, y no por lo de las gallinas, sino por el párrafo final, recuerden: «los gusanos de los muertos, no, los gusanos de los muertos no tenían parientes».
La historia reciente nos deja ver que al menos en su caso esa afirmación era gratuita, Cela tenía algunos gusanos muy próximos, pero no nos vamos a meter en testamentos ni en profundidades. A lo que vamos, rectifiquemos la moción, venga, que el olvido intencionado en algunos casos es más noble que el rencor perpetuo.
Ilustración de: Alfonso Zapico.

FUENTE: ERNESTO BURGOS-HISTORIADOR
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Camilo José Cela. Biografía


(Camilo José Cela Trulock; Iria Flavia, La Coruña, 1916 - Madrid, 2002) Escritor español. Residió en Mallorca, donde en 1956 fundó la revista Papeles de Son Armadans. Desde muy joven compuso poesía, con ecos e influjos de autores como Neruda y Alberti, y algunos pasaron al libro Pisando la dudosa luz del día (1945).
Pero su personalidad literaria se desarrolló como prosista, dentro de los géneros de la novela, el cuento y el libro de viajes. Alcanzó súbita notoriedad en 1942 con la novela La familia de Pascual Duarte, una de las pocas obras destacadas de la década. Son las supuestas memorias de un campesino extremeño, autor de múltiples crímenes, que acaba en el patíbulo. La narración, escrita en una prosa desgarrada y deliberadamente tosca, se complace no sin humor en un tremendismo que cabe emparentar con el de la picaresca el de ciertos relatos de Pío Baroja.
La siguiente novela Pabellón de reposo (1943), se centra en un grupo de tuberculosos internados en un sanatorio. Nuevas andanzas y desventuras del Lazarillo (1944) es un intento -frustrado, según reconocería el propio autor- de pastiche sobre una novela clásica. Suceden a estas obras los primeros y mejores libros de viajes, modalidad paisajística y testimonial: Viaje a la Alcarria (1948), muestra perfecta del género, y El gallego y su cuadrilla (1949).
En 1951 publicó su novela más famosa, La colmena, panorámica de la vida madrileña hacia 1942, en el ambiente depresivo de la posguerra. Ya el título evidencia el propósito de referirse al colectivo de una ciudad, sin argumento ni protagonista definidos. Con un complejo montaje para ubicar y seguir a más de trescientos personajes y con una técnica que con reservas cabe calificar de objetivista, el escritor traza un desgarrado testimonio de las zozobras y estrecheces de una sociedad.
Son posteriores Mrs. Cadwell habla con su hijo (1953), novela en forma epistolar que encierra una confesión en las fronteras del delirio, y La catira (1955), cuya acción se sitúa en Venezuela; las colecciones de cuentos El molino de viento (1956), Tobogán de hambrientos (1962), Garito de hospicianos (1963) y El ciudadano Iscariote Reclús (1965), entre otras, y libros de viaje como Del Miño a Bidasoa (1952), Judíos, moros y cristianos (1956) y Viaje al Pirineo de Lérida (1965).
En 1969 vuelve a la novela con una obra barroca de claro propósito experimental, Vísperas, festividad y octavas de San Camilo de 1936 en Madrid, de nuevo centrada en Madrid, esta vez al comienzo de la guerra civil, para explorar en el confuso ambiente político y moral la violencia fratricida que tal clima desencadenó. El autor recurre a una expresión novedosa y compleja, tanto en la sintaxis como en la puntuación e incorpora los recursos de la nueva narrativa (monólogo interior, narración en segunda persona, etc.).
En las novelas siguientes asistimos a una ruptura extrema de la forma narrativa: Oficio de tinieblas 5 (1973), fraccionada en una serie de aforismos y pensamientos yuxtapuestos, sin apenas elementos novelescos; Mazurca para dos muertos, de 1983, una crónica de ambientación gallega, incesantemente interrumpida y sujeta a continuas alteraciones de los puntos de vista; y Cristo versus Arizona (1988), situada en un nuevo escenario -en la frontera entre Estados Unidos y México-, donde a la violencia de la ley de los hombres se opone la primitiva y gozosa libertad de los cuerpos.
Por último, destaquemos su saber lingüístico, puesto en evidencia en su importante Diccionario secreto (1968), y su actividad en empresas menores de carácter misceláneo o periodístico, en títulos como El juego de los tres madroños (1983) y El asno de Buridán (1986). Cela fue miembro de la Real Academia Española (1957) y fue galardonado entre otros muchos premios, con el Príncipe de Asturias de las Letras (1987).
Durante la década de los años noventa publicó la miscelánea de textos narrativos El huevo del juicio (1993), Memorias, entendimientos y voluntades (1993), de carácter autobiográfico, El asesinato del perdedor (1994), historia de una persona empujada al suicidio por la sociedad, La cruz de San Andrés (1994), su Poesía completa (1996), un Diccionario geográfico popular de España (1997) y la novela Madera de boj (1999), con la que rindió homenaje a la Galicia marinera. En 1989 le fue otorgado el Premio Nobel de Literatura, y en 1995, el Premio Cervantes.
FUENTE:  Biografías y Vidas

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